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Chile pone en marcha la primera cámara de simulación climática del país

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Con la presencia del Subsecretario de Agricultura de Chile, José Ignacio Pinochet, el Instituto de Investigaciones Agropecuarias, INIA, puso en marcha en la Región de Ñuble la primera cámara de simulación climática del país, que permite anticipar la agricultura al cambio climático.

Ubicada en el Centro Regional INIA Quilamapu de Chillán, esta estructura podrá simular climas extremos del futuro asociados al cambio climático (heladas, sequías, inundaciones, altas temperaturas, etc.), para experimentar con diversos cultivos, siembras y suelos. De esta manera, a través de la inteligencia artificial, se podrá determinar el comportamiento productivo de estas especies, sus cambios fisiológicos, rendimientos y capacidad de adaptación.

La idea es proyectar cuáles son los cultivos o especies idóneas que deben establecerse en las distintas zonas geográficas de Ñuble, bajo condiciones más extremas de temperatura, humedad ambiental y disponibilidad de agua, entre otros aspectos. Así se podrá responder, por ejemplo, a la pregunta de qué especies frutales plantar o qué cultivos establecer en los lugares adecuados de la región.

Tras recorrer esta estructura que fue financiada íntegramente por el Gobierno Regional de Ñuble, el Subsecretario de Agricultura felicitó el trabajo realizado por los profesionales de INIA Quilamapu: “Con este proyecto estamos haciendo historia para el futuro del campo chileno. Esto es lo que denominamos Agricultura 4.0, ya que necesitamos mirar al futuro, sobre todo porque el cambio climático ya es una realidad. Esta primera cámara de simulación climática del país nos llena de esperanza, porque gracias a su tecnología vamos a poder saber qué va a pasar con los cultivos y suelos de toda la región en 20 años más”.

Por su parte, el Seremi de Agricultura de la Región de Ñuble, Juan Carlos Molina, señaló que gracias a estos estudios “los productores del futuro van a poder tener las mejores alternativas, dependiendo de la ubicación de sus predios y de las distintas variedades que ellos puedan cultivar”.

Finalmente, el Director Regional del INIA, Rodrigo Avilés, puntualizó que “este proyecto está enmarcado en una de las tres áreas de trabajo de nuestro centro, que es la agricultura digital. Significa aplicar todas las tecnologías de la agricultura digital en el desarrollo de los cultivos y así poder entregar información a los agricultores sobre las mejores áreas donde se puedan desarrollar algunas especies y variedades, proyectándose a las condiciones climáticas extremas del futuro”.

Los resultados obtenidos para especies frutales y cultivos anuales de esta cámara climática inteligente, también denominada “Fitotrón”, serán traspasados a una plataforma, que estará disponible gratuitamente para los agricultores, quienes podrán conocer qué cultivos son los recomendados para cada zona geográfica de la región de Ñuble.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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