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Yogur de ahuyama, rico en vitaminas A y C

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El producto lácteo, que pasó la evaluación sensorial ante un grupo de 10 jueces, fue desarrollado por estudiantes de la Especialización en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Colombia

La ahuyama es rica en vitaminas A y C y en antioxidantes, compuestos que ayudan a retrasar el envejecimiento y que proporcionan un balance en el organismo para prevenir enfermedades como cáncer, Alzheimer, Parkinson o cataratas. Además su fibra ayuda a la buena digestión y es baja en calorías.

“El yogur tiene minerales como calcio, magnesio y fósforo. Esto, mezclado con los beneficios de la ahuyama, genera un atractivo en el producto y le da un valor agregado”, comenta Natalia Soto Cardona, estudiante del Curso de Industrialización de Frutas y Hortalizas impartido por el docente Carlos Julio Márquez.

En el Laboratorio de Lácteos de la U.N. Sede Medellín se adquirió la yogurtera para hacer un litro, para lo cual se utilizó esta cantidad de leche pasteurizada y homogeneizada, a la que se le agregaron 0,7 gramos de inóculos, bacterias que fermentan la leche.

“Revolvimos la mezcla, la calentamos a temperatura predeterminada y la dejamos sellada durante cinco horas”, explica Daniela Ramírez Meneses, otra de las participantes en este proceso. El paso siguiente fue llevar el producto a refrigeración por seis horas a 4 grados.

La ahuyama se partió en cubos y se licuó sin ningún líquido adicional, y luego se mezcló el litro de yogur con un 8 % de azúcar y la papilla de ahuyama resultante.

Este proceso se realizó cuatro veces utilizando diferentes porcentajes de la fruta: el contenido control, con 0 %; el contenido bajo, con 1 %; el contenido medio, con 2,5 %, y el contenido alto con 5 %, para un total de cuatro litros de yogur. A los últimos tres litros se les agregó 5 % de almíbar de ahuyama en trozos.

Evaluación sensorial

Cuando terminó el proceso se hizo una evaluación sensorial en la que participaron 10 jueces. “Cada persona probó los cuatro tipos de yogur. Debían calificar, de 1 a 4, del que más les había gustado al que menos”, explica la estudiante Soto. Se tuvieron en cuenta factores de sabor, textura y apariencia. La bebida que más gustó fue la que tenía 2,5 % de pulpa.

Se observó que a medida que se adicionaba la pulpa aumentaban los fenoles, que actúan como antioxidantes, y la tonalidad del producto se iba tornando más rojiza.

En el análisis físico-químico se midió el pH, la acidez, la viscosidad, los sólidos solubles y el porcentaje de sinéresis, y se observó el color: “a medida que se agrega pulpa, la viscosidad aumenta un poco, pero llegamos a la conclusión de que el uso de esta fruta no presenta ninguna modificación significativa en las variables estudiadas”, afirma la estudiante Ramírez.

Las estudiantes están de acuerdo cuando mencionan que el producto se podría comercializar, ya que, además de que la ahuyama tiene muchos beneficios para la salud y es un producto económico, también es una fruta que se cosecha fácilmente.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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