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Péptidos de leche Combaten la Resistencia a Antibióticos

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Fragmentos derivados de lactoferricina una proteína de la leche de los mamíferos sintetizados químicamente presentan una actividad que inhibiría o mataría ciertas bacterias, actuando en sinergia con antibióticos convencionales

Yerly Vargas Casanova, magíster en Ciencias – Microbiología de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), evaluó la actividad antibacteriana de péptidos sintetizados a partir de una estructura más grande (lactoferricina bovina) por el grupo de investigación Síntesis y Aplicación de Moléculas Peptídicas (SAMP), en el que ella trabaja.

“Un péptido es una secuencia de aminoácidos que forman parte de una proteína. Ese fragmento tiene un corazón o centro, que es un número más reducido de aminoácidos, y allí se da la actividad antibacteriana, antifúngica o anticancerígena, según el caso”, explica la magíster, y agrega que dentro del grupo de investigación se ha venido evaluando una secuencia de seis de ellos, presentes en lactoferricina bovina y derivados de esta, capaces de combatir bacterias.

En este trabajo se evaluó entonces la actividad antibacteriana de 11 péptidos sintéticos derivados de lactoferricina bovina (LfcinB) contra las cepas E. coli ATCC 11775, E. coli ATCC 25922, E. coli ATCC 43827, P. aeruginosa ATCC 27853, E. faecalis ATCC 29212 y S. aureus ATCC 25923.

La investigadora centró su estudio en pequeñas cadenas que contienen el “motivo mínimo”, con base en trabajos anteriores en los que se habían seleccionado los péptidos que presentan una mayor actividad antibacteriana, modificándolos al duplicar las secuencias de aminoácidos para potenciarla.

“A partir de secuencias que contenían esos seis aminoácidos se hicieron péptidos polivalentes, que consisten en repetir una secuencia varias veces. Un dímero es una secuencia repetida dos veces y un tetrámero cuatro”, detalla la investigadora, quien recibió esos péptidos liofilizados (en polvo) para someterlos a una metodología conocida como “Concentración mínima inhibitoria y bactericida”.

“Ahí encontramos cuál es la cantidad del péptido o la concentración que puede detener el crecimiento o matar la bacteria”, indica la investigadora Vargas, quien trabajó con bacterias de referencia gram positivas y gram negativas, que son de importancia clínica y que se compran comercialmente, conocidas como cepas ATCC.

Con este paso se seleccionaron los que presentaron una mayor actividad para pasar a una segunda etapa, en la que se evaluó la toxicidad que los péptidos podrían presentar en las células sanguíneas, más específicamente en glóbulos rojos.

“Los péptidos que tuvieron menor actividad hemolítica pasaron a la siguiente etapa, que consistió en evaluar la actividad antibacteriana a lo largo del tiempo, un proceso que se llama curvas de letalidad o muerte”, indica la magíster, quien en una prueba de 48 horas evidenció que algunos péptidos inhiben solo el crecimiento y otros matan totalmente la bacteria.

Los péptidos diméricos y tetraméricos LfcinB (20-25)2, LfcinB (20-25)4 y el péptido lineal LfcinB (21-25)pal presentaron la mayor actividad antibacteriana contra las cepas evaluadas; los péptidos tetraméricos LfcinB (20-25)4 y LfcinB (20-30)4 presentaron actividad bactericida, mientras que el dímero LfcinB (20-25)2 disminuye el crecimiento a las 48 horas.

Aliados de los antibióticos

Después, a esos mismos péptidos se les realizó un ensayo de sinergismo, en el que se combinaron los de mayor actividad con antibióticos conocidos para combatir las bacterias con las que se trabajó.

“Evidenciamos que algunos de estos péptidos presentan sinergismo, es decir que aumentan la actividad antibacteriana de los antibióticos convencionales e incluso pueden potenciar entre 5 y 60 veces su actividad”, asegura la investigadora.

Fue así como los péptidos LfcinB (20-25)4, LfcinB (20-30)4 y LfcinB (20-25)2 presentaron efecto sinérgico con Ciprofloxacino o Vancomicina contra las cepas de E. coli ATCC 25922, P. aeruginosa ATCC 27853, E. faecalis ATCC 29212 y S. aureus ATCC 25923.

Con estos resultados se concluyó que la polivalencia potencia la actividad antibacteriana de secuencias lineales de péptidos y se puede considerar como una estrategia novedosa y viable para obtener moléculas promisorias en el desarrollo de agentes terapéuticos antibacterianos.

Parte de estos resultados se presentaron en el marco del XVIII Congreso Internacional de Bacteriología, del Colegio Nacional de Bacteriología, en el que este trabajo obtuvo el primer puesto del “Premio a la investigación en categoría senior”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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