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¿Qué es la Ración Total Mezclada (TMR) para las Ganaderías de Leche?

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Este método de nutrición bovina (TMR por sus siglas en inglés) busca combinar todos los alimentos que se suministran a las vacas lecheras en una única ración, de manera que consuman los nutrientes esenciales en un bocado balanceado y completo.

Aunque la fuente de alimentación básica de la res es el pasto, para producir más leche es necesario suministrar otro tipo de comidas, como granos, suplementos proteicos, vitaminas y minerales.

Cada uno proporciona nutrientes distintos que contribuyen tanto a su crecimiento como a su rendimiento. Con la TMR, se busca que el animal se alimente con el nivel adecuado de nutrientes que necesita diariamente, con el fin de suplir los requerimientos de energía y mantener las características para un correcto funcionamiento del rumen.

Las ventajas de utilizar este sistema son numerosas, entre las que se encuentran una mayor eficiencia en la alimentación y una mayor precisión en el suministro. Esto se debe al uso de pesas y otros instrumentos que permiten determinar con exactitud la cantidad de cada ingrediente.

Existen otros beneficios como reducir la selectividad animal sobre alimentos individuales, conocer con certeza el consumo de materia seca (MS) y ejercer un mayor control de los alimentos ofrecidos y consumidos.
Este control podría resultar muy efectivo en el largo plazo, pues el productor puede adquirir los suplementos que necesita y evita gastar más dinero comprando en abundancia o perdiendo los alimentos por almacenamiento o manejo.

Los expertos Lammers, Heinrichs e Ishler de la Universidad Estatal de Pensilvania (EE.UU.) anotaron que mezclar todos los alimentos puede disimular el sabor de los que son menos agradables. Además, sostienen que por lo general se reduce la incidencia de problemas digestivos y metabólicos.

No obstante, los mismos expertos admitieron algunas desventajas de la TMR, como los gastos iniciales para adquirir las mezcladoras o la dificultad para adaptar el método en ciertas fincas por su estructura.

Por esta razón, se deben considerar aspectos como el tamaño del hato, los grupos de animales, las instalaciones y el grado de mecanización, así como la posibilidad de adquirir los ingredientes, antes de poder implementar la TMR.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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