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Angus, Kobe y Wagyu, las Carnes más Selectas del Mundo

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Se dice que hay vacas japonesas a las que les ponen música clásica o les dan masajes o bueyes con grasa “infiltrada o marmoleada”. Pero, ¿realmente cual es la diferencia de cada raza y por qué son consideradas las carnes más selectas del mundo?

Wagyu, una de las carnes más exquisitas del mundo

Su nombre significa literalmente “vaca japonesa” por lo que la raza tiene su origen en el país nipón, aunque actualmente la exportación ha hecho que se encuentre también esta raza en Estados Unidos, Argentina, Australia, Canadá o España, entre otros países.

El Wagyu es una raza bovina normalmente de color negro y tamaño medio que pasta en libertad en los mejores prados. Las reses son alimentadas con una dieta especial de grano, nabos y patatas y no reciben ningún tipo de medicación u hormonas para su crecimiento. Además, la raza Wagyu fue protegida durante siglos por la religión budista del consumo humano, por lo que apenas han sufrido cambios genéticos derivados del cruce con otras razas. Es por eso por lo que la carne de Wagyu es una de las más valoradas del mundo.

Este tipo de carne roja se caracteriza por su elevado grado de infiltración de grasa (llamada también grasa marmoleada) que significa que la res posee grasa intramuscular en lugar de grasa exterior, lo que aporta mayor suntuosidad y jugosidad a la carne y le proporciona un sabor excelente.

Carne de Kobe, carne de origen japonés con fama mundial

Probablemente, a la hora de hablar de carnes selectas una de las más conocidas es la carne de Kobe ¿Pero, como se distingue la carne de Kobe?

Primero de todo conviene saber que el Kobe no es una raza, sino que es una denominación que la pieza adquiere debido a su procedencia. Esta carne procede de la prefectura de Hyogo (Japón) y se trata de carne de reses de raza Wagyu. Pero para que la carne pueda denominarse carne de Kobe, es imprescindible que la res haya nacido, vivido y muerto dentro de la prefectura de Hyogo.

Es por ese motivo por el que es realmente difícil consumir este tipo de carne fuera de Japón. A pesar de que en muchos establecimientos ofrecen carne de Kobe, realmente lo que ofrecen es carne de Wagyu, pues la producción de Kobe anual es muy limitada, mientras que la producción de Wagyu es más extensa y puede darse en varias zonas del mundo.

Debido a todo esto, la carne de Kobe puede alcanzar precios de hasta 600 euros el kilo, pues se trata de una carne muy exclusiva y de escasa producción.

Se dice que a estas reses se les da masajes o se les pone música clásica para que vivan fuera del estrés. Quizás algún ganadero emplee estas técnicas, pero la realidad es que el principal requisito es que los animales vivan en ambientes tranquilos y saludables para asegurar una buena maduración de la carne y conseguir la mejor textura.

Carne de Angus, exquisito sabor procedente de Escocia

La raza de bovino conocida como carne Angus es originaria de Escocia, y más en concreto de la localidad que le da nombre, Angus. Al igual que ocurrió con la raza Wagyu, la cría de Angus se ha extendido por otras partes del mundo y en la actualidad es posible encontrarla en Argentina, Uruguay, Chile, Nueva Zelanda e incluso España (donde se conoce como Aberdeen Angus) y Norteamérica, donde es típico el Angus negro.

El principal rasgo distintivo de la carne de Angus es su intenso y exquisito sabor, además de su jugosidad y su excelente grado de marmoleo (cantidad de grasa intramuscular), lo que la convierten en una de las mejores carnes del mundo.

En Cárnicas Ismael son distribuidores de carnes rojas nacionales y de importación a toda España. En sus instalaciones se podrá encontrar desde suculentas carnes de vaca nacional a carnes rojas de importación, como la variedad Angus o la excelente carne Argentina. Distribuyen productos cárnicos para hostelería desde sus instalaciones en Mercamadrid, el mayor centro de distribución de carne en Madrid.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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