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Ganadería: Manejo Racional no Contamina el Medio Ambiente

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Con el Pastoreo Racional Voisin (PRV), los pastos atrapan a diario una gran cantidad de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera, formando ácido de carbono que se degrada en materia orgánica (MO), con fines de descontaminar el medio ambiente. Por lo tanto no es verdad que las vacas sometidas a un buen manejo racional de los pastos incrementan el efecto de invernadero en los países tropicales, en razón de que el periodo de fotosíntesis es permanente los 365 días del año. Este sistema constituye un método de manejo de los pastos de forma más moderno, más eficiente y más económico, con fines de generar ganancia a los productores de leche y carne.

Es muy importante que los animales se cambien diariamente de potrero, por lo que debemos ajustar el tamaño de los potreros de acuerdo al número de animales por grupo. En las zonas con una buena pluviometría como Bonao, Cotuí y Monte Plata pueden pastorear diariamente 100 vacas en producción de leche en potreros de 15 tareas bien empastadas. Aunque esto depende de muchos factores, si multiplicamos las 15 tareas por 28 potreros nos daría 420 tareas. Es de mucho interés que las vacas entren a cada potrero cuando los pastos estén en su punto óptimo de nutrientes (antes de la floración) y reciben pastos y leguminosas a mediodía.

Si al PRV le agregamos el Sistema de Silvopastoreo Intensivo (SSPI), que consiste en 3 capas, como son gramíneas, arbustos (como la leucaena y titonia) y árboles (como el samán, piñón y cambrón) entonces nos permite tener una alta carga animal por área (de 4 vacas por hectárea) cuando el promedio nacional es de menos de 2 vacas por hectárea. Esto indica que con estos sistemas bien administrados se produce como mínimo 3 veces más leche y carne que con sistema de pastoreo extensivo. En varias investigaciones realizadas en Australia y Colombia se ha demostrado que cuando los animales consumen pastos de calidad y leguminosas, estos pueden reducir la producción de metano (CH4) entre un 60 y hasta un 75%.

Con los sistemas de PRV y SSPI bien manejados se produce una alta tasa de secuestro de carbono diariamente, en otras palabras se está descontaminando el medio ambiente. Entonces no es verdad que la ganadería con estos sistemas se encarga de producir de un 15 a un 20% del dióxido de carbono mundial, que contribuye con los gases de efecto de invernadero. Los ganaderos que tratamos de desarrollar una ganadería amigable con el medio ambiente, nos corresponde revertir la falsa satanización que se le atribuye a los rumiantes.

El uso de estos sistemas se complementa con muy poco uso de abonos químicos, sobre todo los que tienen sulfato de amonio, tampoco se usan los pesticidas e insecticidas, porque eliminan las lombrices, encargadas estas de la porosidad y la aireación de los suelos. Por otro lado, no se deben usar las ivermectinas, que se encargan de eliminar los escarabajos que se encargan de incorporar las heces de las vacas con fines de enriquecer los suelos y aumentar la permeabilidad de estos, para aumentar la absorción del agua por las plantas.

La rotación diaria o interdiaria de los potreros produce una gran cantidad de heces, orina, hojas y pajas, sobre todo con los 2 sistemas integrados (PRV y SSPI), lo que trae como consecuencia significativo incremento del pH y de la calidad de los suelos, en razón de que aportan una gran cantidad de materia orgánica (MO). Australia es líder mundial en silvopastoreo, con más de 250 hectáreas y obteniendo una ganancia de peso en novillos de hasta 800 gramos diariamente, sin el uso de concentrados. Esta es una de las razones de por qué este país se ha convertido en uno de los mayores exportadores de carne en el mundo, con bajo costo de producción, y sobre todo que es una carne más saludable.

Establecer un sistema de silvopastoreo requiere alrededor de 18 meses y ver los resultados positivos con relación al incremento significativo de la producción de leche y carne, toma de 6 a 12 meses más, razón por la cual sugerimos establecer un banco de leguminosas para las vacas en producción y de esa forma podemos revertir la baja producción de leche y carne en corto tiempo. Si a esto le agregamos la siembra de maíz, sorgo y caña de azúcar y aplicamos la técnica de ensilaje y henificación con los técnicos de Megaleche, bajamos considerablemente los costos y mejoramos la producción y la rentabilidad. Para lograr estos objetivos, deben participar el Gobierno, las instituciones agropecuarias, las federaciones y las cooperativas de productores.

El cambio climático y el calentamiento global debería ser una gran preocupación de todos, en vista de que en los últimos años en todos los países del mundo las pérdidas de vida y sobre todo económicas por el efecto de las tormentas, huracanes y sequía, ni siquiera los expertos en la materia lo han podido cuantificar. El cambio climático se le atribuye en gran parte a las malas prácticas de los humanos que altera la composición de la atmósfera mundial.

Los dominicanos que adoramos nuestra nación y que estamos conscientes de que las nuevas generaciones se merecen un mejor país, estamos en el deber de apoyar todas las medidas que tome el Ministerio de Medio Ambiente, con el Dr. Francisco Domínguez Brito a la cabeza, para evitar que se continúe matando la madre tierra, con la deforestación de los nacimientos de las aguas, la extracción de materiales y la contaminación de los ríos, arroyos y lagunas; además entre todos debemos hacer una gran reforestación a nivel nacional.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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