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Técnicas de Conservación de Forraje para la Ganadería Sostenible

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Ante las constantes variaciones del clima, el principal reto de los ganaderos paraguayos es garantizar el alimento del hato. De esto depende mantener la sanidad de las reses, los niveles de producción (de carne o leche), así como los índices de parición. Y para lograrlo, nada más indicado que retomar dos milenarias técnicas de conservación de forraje: La henificación y el ensilaje.

INNOVACIONES AGROPECUARIAS

En tiempos en que el valor de la tierra es cada vez más elevado y su influencia en la composición de costos más determinante, es necesario seguir optimizando la producción pecuaria para asegurar su estabilidad, especialmente, cuando las condiciones climáticas no juegan a favor.

Así lo entendió Alte Heide S.A., una empresa dedicada al rubro de la ganadería y la producción de carbón vegetal en el Chaco (oriente de Paraguay), que supo ver en el sistema de henificación, un nicho interesante para impulsar la ganadería sostenible en Paraguay.

Pero, ¿en qué consiste esta técnica? Para dar respuesta a esta interrogante, Foco conversó con Alejandro Portillo, gerente de Operaciones de la firma, quien explicó que “la henificación es un método de conservación del forraje seco, producido por una rápida evaporación del agua contenida en los tejidos de la planta”. Seguidamente, aclaró que este sistema es implementado solo en periodos de exceso de pasto y en los que hayan menos incidencia de lluvias, como son los meses de junio, julio, agosto y diciembre

Alte Heide S.A., logró desarrollar, en sus establecimientos ubicados en el Chaco Central, una práctica de autoconsumo de heno más que eficiente, a través de la utilización de dos variedades consideradas las mejores dentro de este rubro: Pasto Gatton Panic y Tanzania.

Asimismo, Alejandro recordó que, hace cinco años, la empresa comenzó a explorar nuevas tendencia y halló en los hilos electrificados una nueva opción para optimizar la producción. “Luego de haber probado varios sistemas de entrega de rollos de heno, notamos que el autoconsumo de rollos con hilos electrificados era la mejor práctica observada hasta ese entonces, pues ayudaba a que el ganado comiese de forma ordenada y sin acabar las reservas, especialmente en épocas de invierno”, acotó.

También mencionó que para llevar a cabo este proceso, no fue necesario construir corralones especiales, sino que fueron utilizados los mismos establos en los que eran alimentados habitualmente estos animales.

LOS COSTOS

La correcta preparación del terreno para la producción de rollos, tiene un costo aproximado de USD 200/Ha. Cabe destacar que la fabricación de fardos se realiza en forma tercerizada y cuesta entre USD 15 a USD 17, por rollo aproximadamente.

En caso de que el ganadero se haga cargo de la producción de sus propios rollos, el costo disminuye a USD 150.000, incluyendo la compra de un tractor de al menos 110 Hp, una segadora, una hileradora y una enfardadora con lo que podría aumentar su producción notablemente.

“Para el sistema de autoconsumo en sí mismo, se requiere de inversiones mínimas, que no van más allá de alambres y electrificadores de baja potencia y que varían con la cantidad de animales que ingresan al sistema”, indicó. De hecho, para una base de 1.000 cabezas se requiere de una inversión aproximada de USD 500 a USD 800, es decir, 50 a 80 centavos por cabeza.

VENTAJAS COMPROBADAS

La implementación de este sistema trajo consigo múltiples ventajas tanto a Alte Heide como a los ganaderos que experimentaron un ahorro sustancial en materia de alimentación del ganado. Esto se debe a que los rollos de heno son utilizados solo en épocas de escasez de pasto.

De acuerdo a los datos proporcionados por SENACSA, sólo en el 2015 Paraguay contaba con 14 millones de cabezas de ganado aproximadamente, de las cuales alrededor de 5 millones eran vacas. En ese mismo periodo también se produjeron 2,5 millones de terneros, y, se comercializaron, entre frigoríficos y ferias, un poco más de 2 millones de cabezas, lo que representó casi USD 1.100.000.000 de ingresos.

De allí que con este sistema, se podría aumentar el hato ganadero del país de manera progresiva por lo menos en 50%, en un plazo de 10 años aproximadamente, lo que significaría también un aumento de aproximadamente 50% de los ingresos. Esto sin tener en cuenta el incremento en la eficiencia productiva de la empresa, que se trasmite en aumentos de volúmenes y rindes en la cadena productiva downstream.

“Con este método no sólo se ahorra costos, sino que también se incrementa la producción y aumenta el retorno. Alte Heide S.A. consiguió duplicar la carga animal por hectárea, aumentar en 30% la ganancia individual de peso del animal, y aumentar en algo más que el doble la producción de carne por hectárea, en la misma superficie total, incrementando la utilidad operativa en un 85%, aproximadamente. Estas cifras dependen de muchos factores, y varían para cada empresa”, puntualizó el directivo.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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