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Eficiencia para Enfriar Vacas Lecheras: ¿Flujo Alto o Flujo Bajo de Agua?

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Las lecherías utilizan sistemas de rociadores intermitentes para enfriar a las vacas en un clima cálido y enfrentar el impacto negativo del estrés de calor. Un trabajo experimental ha buscado determinar la cantidad de agua que se necesita para lograr éste efecto beneficioso. Un grupo de científicos llevó a cabo un estudio en la Universidad de California, en Davis (Estados Unidos), para examinar los efectos y como reducir el 75% del uso del agua para este proceso.

«Las industrias lácteas varían mucho en la cantidad de agua utilizada para enfriar las vacas «, explicó la investigadora principal, Jennifer M. Chen, del Departamento de Ciencia Animal de la Universidad de California, pero utilizando más agua da como resultado una disminución del rendimiento y minimizar el uso del agua es una preocupación de sostenibilidad para la producción lechera.

Chen y sus colegas compararon los efectos del agua en el ganado, enfrentando la cantidad utilizada con la consecuencia de su comportamiento fisiológico y sus respuestas productivas. También se analizó la reducción del calor en relación con el uso del agua.

Los autores determinaron que los sistemas de rociadores de flujo bajo eran tan eficaces como los sistemas de flujo alto en la mitigación de los efectos del calor en el clima caliente y seco de California, y a pesar de utilizar sólo alrededor de una cuarta parte de agua.

Las vacas tuvieron temperaturas corporales más bajas cuando se les da acceso a los aspersores, pero los sistemas de flujo bajo y flujo alto entregan beneficios similares.

Las vacas mostraron un comportamiento similar cuando se administra el acceso a ambos tipos de aspersores. Ellas mostraron patrones similares en la zona de alimentación de rociadores refrigerado, cerca del área de la bandeja de agua sin enfriar donde experimentaron cambios similares en el consumo de alimento.

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Las vacas producen más leche cuando se les da acceso a los aspersores, pero ambos tipos proporcionan beneficios similares.

«Un futuro trabajo debería ser evaluar el grado de reducción de calor que se puede lograr con menos agua. Una alternativa para reducir la velocidad de flujo de rociadores puede ser la aplicación de caudales más altos para una duración más corta», agregó Chen.

Reducir el consumo de agua mediante el uso de caudales más altos para una duración más corta también podría reducir la pulverización, lo que reduce la eficiencia de enfriamiento por aspersión ya que es una preocupación a escalas más grandes que el estudio actual.

«El uso del agua en las lecherías aumenta en el verano porque las vacas beben más agua y los productores de leche utilizan rociadores de agua para mantener a las vacas frías. Esta nueva investigación demuestra que «un sistema de rociadores de bajo flujo» utiliza casi el 75% menos de agua y enfría a las vacas igual de bien como un sistema tradicional.

Los aspersores de bajo flujo conservan los valiosos recursos naturales sin sacrificar el confort de las vacas en la granja», dijo Matt Lucy, PhD, editor en jefe, Journal of Dairy Science , y profesor de ciencia animal de la Universidad de Missouri, EE.UU.

La investigación completa se encuentra publicada en la edición actual (junio de 2016) de la revista Journal of Dairy Science.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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