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Mexicana Investiga Mutación en las Vacas que Incrementa la Grasa de su Leche

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Una mutación natural en las vacas de Holanda que incrementa la cantidad de grasa en la leche es tema de estudio de la investigadora mexicana Daylan Tzompa-Sosa, egresada del Tecnológico de Monterrey y de la Universidad de Chapingo, quien analiza las características de la grasa láctea y la forma en que los productores pueden aprovechar esa condición, pues dicho compuesto es muy preciado en el sector alimentario. La especialista menciona que el gen que provoca el incremento en la grasa ya está esparcido.

“Se observó que, por la alteración de una enzima, los animales producen leche con mayor cantidad de grasa; por ello me interesé en entender cómo actúa la mutación y cómo cambia la química de dicho compuesto. Durante el Doctorado en Ciencia de Lácteos que realice en la Universidad de Wageningen de Países Bajos profundicé mis conocimientos en la grasa láctea y en la genética de las vacas, y ahora en el posdoctorado estudio la reacción de esta mutación en diferentes dietas de las vacas”.

Resaltó que la leche de las vacas con esta mutación contiene 5.5 por ciento de grasa, en lugar de 4.5, lo que económicamente es interesante porque la grasa láctea tiene un alto precio en el mercado.

Respecto a las posibles causas de la mutación, Tzompa-Sosa explicó que todos los seres vivos son susceptibles a presentar tal eventualidad en cualquier momento, ya sea por adaptación o de tipo aleatorio.

“En este caso considero que fue una mutación aleatoria. Estas vacas producían más grasa en la leche y hasta hace unos años en Holanda se pagaba a los ganaderos por ello. De ahí que sea altamente probable que seleccionaran, en forma empírica, a los ejemplares que producían el lácteo con tal característica y ahora el gen está ampliamente esparcido en la población de las vacas holandesas”.

Mencionó que en un proyecto anterior se hizo un escaneo de la población de vacas en Holanda, lo que permitió concentrar 2 mil muestras de leche y de sangre en verano y otra cantidad igual en invierno. De esta manera se facilitan las consultas sobre las características químicas y biológicas de algún animal en particular.

Si bien existen diversos proyectos de investigación acerca de las grasas lácteas en diversos países, los que trabaja Tzompa-Sosa pueden considerarse únicos en su tipo, debido a que el enfoque incluye no sólo el análisis químico de la grasa, sino también la genética de las vacas y su relación con la alimentación, lo que es conocido como ingeniería nutrigenómica aplicada a lípidos.

“En este caso considero que fue una mutación aleatoria. Estas vacas producían más grasa en la leche y hasta hace unos años en Holanda se pagaba a los ganaderos por ello”, Daylan Tzompa-Sosa, investigadora.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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