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La Leche: Un Alimento Indispensable en la Dieta de las Personas

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Junto con el pan, es un producto primordial en la despensa occidental. Sin embargo, su importancia es un fenómeno reciente e incluso podría tener fecha de vencimiento.

Ocupa en la despensa moderna un lugar curiosamente preponderante, al nivel del pan, en la lista de los más básicos e importantes alimentos de la dieta occidental.

Tanto así que, por ejemplo, cuando en EE.UU. hay amenazas de tormentas y huracanes es uno de los productos que desaparece de los estantes, conjuntamente con el pan antes mencionado y el papel sanitario.

Sin embargo, el consumo masivo de leche de vaca fue algo que comenzó hace relativamente poco tiempo.

En Europa y EE.UU. en el siglo XIX estaba reservada principalmente a los niños, y ver un vaso de leche fría en el desayuno de una persona adulta era algo indudablemente extraño.

En ese sentido, y por su más larga duración, el queso y la mantequilla tienen más tiempo que la leche fresca en la lista de productos de consumo universal.

Creciendo con la Leche

La leche fresca como tal era un alimento para bebés. Pero a medida que el producto tenía que trasladarse a lugares más alejados de las granjas en que se fabricaba, se fue volviendo cada vez más peligroso.

Se constituía en un caldo de cultivo para bacterias y, a veces, revendedores inescrupulosos la adulteraban con tiza y agua.

La historiadora Deborah Valenze señala que su improbable desarrollo como alimento perfecto se debió a una serie de factores dispares que coincidieron hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX.

Cuando la mortalidad infantil fue aumentando en las ciudades, los estándares para fabricar leche de forma más segura, con procedimientos como la pasteurización, comenzaron a cobrar más importancia.

Aproximadamente al mismo tiempo, hubo un creciente interés en usar la alimentación como parte del tratamiento para los enfermos, a quienes empezó a dárseles solo las cosas más simples y puras para comer.

Fue una idea impulsada, entre otros, por John Harvey Kellog, el inventor del corn flake y jefe del departamento médico de un conocido sanatorio en Michigan.

«Se podría decir que fue una época de alimentos sanos y movimientos en pro de la salud», dice Valenze.

La vida moderna y la comida eran complicadas y adulteradas, pero la leche consumida por todos a una edad temprana era simple, práctica y natural, en la lógica del tiempo.

El hecho de que era blanca, el color de la pureza, tampoco le hacía daño a su imagen.

Además, la leche tenía grasa, carbohidratos y proteínas, componentes necesario para el cuerpo humano.

Movimientos de Temperancia

Los distintos países reflejan interesantes variaciones sobre la historia de la popularización masiva de la leche.

La historiadora de la Universidad de Basilea, Barbara Orland, señala que en Alemania su consumo por hombres adultos a principios del siglo XX tuvo una estrecha relación con los movimientos de temperancia y la búsqueda de una alimentación sencilla y saludable.

En un intento por cambiar la cultura de ingerir bebidas alcohólicas, especialmente entre los obreros germanos, los grupos de temperancia hicieron presión para que se sirviera leche en las fábricas e incluso se montaron casetas para venderla en las ciudades, con un cierto éxito.

A medida que en las primeras décadas del siglo XX se fue profundizando el conocimiento sobre la nutrición, la idea de que su contenido de grasas, carbohidratos y proteínas la hacía un alimento perfecto perdió impulso.

Sin embargo, eso quedó compensado por su rol como fuente de vitaminas recién descubiertas y la noción de que podía, en alguna forma, corregir las deficiencias en toda dieta.

En 1918 el bioquímico y especialista en alimentación Elmer McCollum escribió el influyente libro sobre nutrición The NewerKnowledge of Nutrition en el que describió a la leche como «sin duda, nuestro alimento más importante».

Eso complació a la industria láctea, que en ese momento estaban produciendo más leche de la que se vendía.

Condiciones Perfectas

Sin embargo, tratar de que la gente bebiera más leche seguía siendo una prioridad para los productores.

Y las condiciones ideales para que eso sucediera se dieron alrededor de 1920, cuando las comunidades agropecuarias y científicas se unieron con los gobiernos para proyectar el mensaje de la perfección nutritiva de la leche.

Hoy en día el consenso es menor y, especialmente, la abundancia de grasa en la leche entera ha generado cuestionamientos. Grandes estudios tampoco han encontrado asociaciones entre el consumo de leche y un menor número de fracturas de huesos, uno de sus supuestos beneficios.

Y es posible tener una dieta saludable sin consumir nada de leche.

Sin embargo, aún pensamos que se trata de un alimento fundamental.

Entender cómo la leche pasó a ser un producto favorito en nuestra dieta hace plantear algunas preguntas interesantes.

Podríamos haber terminado consumiendo algo distinto cada mañana, un batido de puré de trigo o un jugo de tomate agradable al paladar.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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