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Nueva Zelanda el Mayor Productor y Exportador de Leche del Mundo: ¿Gracias a China?

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Las exportaciones neozelandesas de lácteos a China se dispararon, hoy más que nunca el país insular se convierte en el gran proveedor de leche del gigante asiático.

Nueva Zelanda (4,43 millones de habitantes) creció el año pasado más que Australia (22,68 millones de habitantes): 5% contra 2,8% anual.

Australia es el único país del mundo avanzado que no ha experimentado una contracción económica en los últimos 20 años. Al mismo tiempo, es el principal exportador mundial de materias primas, sobre todo metalíferas (cobre, mineral de hierro) y carbón.

Nueva Zelanda ha estado siempre sujeta a la producción de lácteos, casi en forma excluyente; y es ahora el mayor productor y exportador mundial de leche y derivados, con especial énfasis en nuevas líneas de producción, sobre todo vinculadas a la industria de la salud y la farmacéutica (leches infantiles y medicinales).

Detrás del auge de la economía neozelandesa, a través de la producción de lácteos, se encuentra la demanda china, de la que es la principal proveedora.

La demanda láctea en China ascendió el año pasado a U$S 40.600 millones, comparada con U$S 20.700 millones en 2008, y prácticamente cero en 2000.

La leche líquida es el producto esencial del mercado chino, y cubre más de 80% del consumo total. En términos per cápita, el consumo es aún extremadamente bajo (94 kilos anuales), lo que indica las posibilidades de expansión. En Taiwán y Hong Kong, sociedades chinas de alto nivel económico, el consumo es diez veces mayor.

La importancia creciente del mercado de lácteos surge de su participación en las importaciones globales (38% del total en 2013; 33% en 2012; y se prevé que alcancen a 50% en 2015).

La clase media es la mayor consumidora de lácteos en la República Popular. Posee los gustos e intereses de sus congéneres occidentales, sobre todo en las cuestiones de salud. En 2008, se desataron en China una serie de escándalos de leche contaminada (fórmulas infantiles mezcladas con melamina) que provocaron la muerte de 6 infantes y la internación de 300.000. El escándalo fue potenciado por las redes sociales (hay 600 millones de usuarios de Internet en China) y desató un «boom» de demanda de productos importados, sobre todo neozelandeses.

Desde entonces, la demanda de fórmulas importadas crece 8%/15% por año, y se prevé su duplicación en 2020. De ahí que Nueva Zelanda tuviera en 2013 el primer superávit comercial en 5 años, y la más alta brecha positiva de cuenta corriente de su historia, debido a que más de 60% de sus exportaciones se destinan al mercado chino y éstas son en un 90% lácteos y derivados.

Las empresas lácteas especializadas experimentan un acelerado proceso de consolidación en la República Popular.

En 5 años serían 50, a partir de las 137 actuales; y la mayoría contaría con inversiones extranjeras, provenientes de las grandes marcas europeas y norteamericanas.

Lo que está ocurriendo con la industria láctea es parte del nuevo mecanismo de acumulación en China, que ahora crece sobre la base del consumo doméstico, y no a través del alza de las inversiones y de las exportaciones, como ocurrió en los 30 años posteriores a 1978.

Por eso aumenta el consumo de alimentos, cada vez más ricos en proteínas, sobre todo cárnicas, y también, empujadas por necesidad, crecen las importaciones de estos productos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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