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Carne Normanda: Excelencia de Cata

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En el 2002 se creó en Francia la Asociación de Mesa de Chefs que reúne a ganaderos, carniceros mayoristas y restaurantes. Hoy en día agrupa a una centena de ganaderos, tres carniceros, mayoristas y cuarenta restaurantes.

Recientemente también comercializa animales dentro de las cadenas de restaurantes y carnicerías individuales, posicionándose sobre un mercado cercano al consumidor.

El Proyecto de Denominación de Origen en Carne Normando

Cada año 150,000 novillos se producen en Normandía (norte de Francia) de los cuales un tercio son de raza Normando. Las cualidades gustativas de la carne de novillo Normando son reconocidas, pero no se identifica dentro de las cadenas tradicionales o se confunde con las otras carnes (vaca, novilla, becerro), en consecuencia está mal valorizada.

Este proyecto nació de la voluntad de los ganaderos en defender y organizar su producción a fin de hacer reconocer la calidad y la tipicidad de la carne de novillo normando y de mejorar su valorización. La elección de la denominación de origen como signo de calidad permite fortalecer la unión entre los ganaderos intermediarios y el producto. Los animales son criados en pastoreo con mínimo dos temporadas de 6 meses de duración cada una.

La carne de novillo Normando ha sido comparada con el Charolais, aunque la Normando se diferencia de esta por un color mucho más oscuro, un mayor porcentaje de marmóreo, una jugosidad mucho más sostenida y una persistencia del sabor y aroma más importante.

La Carne Normando en Prueba

En marzo de 1992 Gault y Millau, reunieron un jurado de expertos para comparar las cualidades gustativas de las diferentes carnes bovinas de las principales razas francesas. Los jurados procedieron a una degustación de la parte inicial de las costillas de novillo.

Para la Normando, los resultados estaban en el papel: la raza tiene ventaja con una nota netamente superior a todas las otras razas bovinas.

También en leche como en carne, la Normando muestra signos de calidad que la hacen una vaca moderna, adaptada a la demanda de los consumidores, con una mejor remuneración para el ganadero. Por supuesto, el desarrollo de la raza pasará inconfundiblemente por el resultado en las cadenas:

1. Normando: (9.1/10) muy buen color, casi violeta. Carne bien madura, finamente marmoreada, buena jugosidad, muy tierna y sedosa, de mantequilla con un gustito de avellana. Carne fundida, sabor extraordinario. Opinión general: “soñamos comer así más seguido”.

2. Simmental: (7.8/10) bello aspecto, color rojo brillante, una carne a la vez firme. Buena estructura y jugosidad. Poca grasa pero con sabor amplio, persistente en boca, sabor aromático.

3. Blonde d´aquitaine: (7.7/10) color vivo, sostenido. Textura fina y sedosa. Carne delicadamente marmoreada, jugosidad media pero de gran terneza, sabor suave, untuoso bastante largo.

4. Maine – anjou: (7.1/10), buen color rojo-azul. Buen olor de carne. En boca, textura firme. Le falta jugosidad, pero una carne tierna, sabor agradable y pronunciado. Sabor natural.

5. Ex Aequo – chalosse: (7.1/10) carne un poco asada que perdió un poco su color y su jugosidad, textura firme pero una grasa extraordinaria, diríamos de la médula exclaman varios jurados, sabor poderoso con mucha personalidad.

6. Salers: (6.7/10) color rosa pálido, textura fina, excelente jugosidad. Carne muy tierna, madura, de sabor fundido pero curiosamente le falta carácter.

7. Ex Aequo- gasconne: (6.7/10) buen color, homogéneo, fibras finas, buena jugosidad. Carne tierna como de lomo que debería agradarle a todo el mundo, pro le falta un poco de sabor.

8. Parthenaise: (6.2/10) color claro, textura un poco elástica. Pero le falta bastante marmoréo, jugosidad media pero una carne tierna, agradable. Poco sabor de todas formas.

9. Charolaise: (5.7/10) aspecto mate. En la boca se percibe textura firme, bastante fibrosa. Jugosidad media, una carne que le falta marmoréo, sabor normal y un poco corto.

10. Limousine: (4.6/10) color rosado uniforme, textura firme. Poca jugosidad y falta de grasa: carne muy joven, una lástima pues podría tener más sabor.

Fuente: Perulactea

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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