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E. coli puede Sobrevivir en el Sedimento de los Cauces de Arroyos por Muchos Meses

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Investigadores del ARS de los EE. UU han descubierto que los patógenos de E. coli pueden sobrevivir por muchos meses en el sedimento subacuático de arroyos. Esta información podría mejorar la modelación por computadora para determinar la contaminación bacteriana de las aguas superficiales.

Estudios por científicos del Servicio de Investigación Agrícola de los EE.UU (ARS) han confirmado que la presencia de los patógenos de Escherichia coli en las aguas superficiales podrían resultar de la capacidad del patógeno de sobrevivir por muchos meses en el sedimento subacuático. La mayoría de las cepas de E. coli no causan enfermedades, pero estos organismos son indicadores usados por los gerentes de calidad de agua para estimar la contaminación fecal del agua.

Estos hallazgos, los cuales pueden ayudar a identificar fuentes posibles de la contaminación de agua, apoyan la prioridad del Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA por sus siglas en inglés) de promover la agricultura sostenible y la seguridad alimentaria. ARS es la agencia principal de investigaciones científicas del USDA.

Científico del suelo Yakov Pachepsky trabaja en el Laboratorio de Seguridad Microbiana Ambiental y Alimentaria mantenido por el ARS en Beltsville, Maryland. Él está realizando estudios para aprender más sobre la fuente de los patógenos E. coli en los cauces de arroyos, su destino y la duración de su supervivencia.

Estudios realizados por Pachepsky y sus colegas sugieren que las cepas no patogénicas de E. coli pueden sobrevivir por más tiempo en el sedimento subacuático que en el agua, y han provisto las primeras pruebas publicadas sobre la capacidad de E. coli de sobrevivir durante todo el invierno en el sedimento.

Los resultados también indicaron que los patógenos pueden vivir por más tiempo cuando hay niveles más altos de carbono orgánico y partículas finas del sedimento. Cuando los niveles de carbono orgánico son más altos, la temperatura del agua tiene menos probabilidades de afectar la tasa de supervivencia de los patógenos.

Los investigadores también recopilaron tres años de datos sobre el fluyo del agua, el tiempo y los niveles de E. coli en el agua y el sedimento en un arroyo en Pensilvania que recibe agua de varios afluentes más pequeños. Ellos usaron esta información para calibrar la Herramienta de Evaluación del Suelo y Agua (SWAT por sus siglas en inglés), la cual es un modelo de computadora desarrollado por científicos del ARS que predice cómo las prácticas agrícolas afectarán la calidad del agua a escala de cuenca.

Las simulaciones resultantes indicaron que los escurrimientos de los pastizales contribuyeron a los niveles de E. coli en los arroyos cercanos solamente durante intervalos temporales del fluyo más alto de agua. Ya que el modelo SWAT actualmente no incluye datos sobre niveles de E. coli en los cauces de arroyos, esta investigación indica que las simulaciones de SWAT sobreestimarán el impacto de los escurrimientos de pastizales en la contaminación por E. coli en las aguas superficiales.

Los resultados de esta investigación fueron publicados en ‘Water Research’ (Investigaciones sobre Agua), ‘Ecological Modeling’ (Modelación Ecológica), ‘Critical Reviews en Environmental Science and Technology’ (Resúmenes Críticos de Ciencia y Tecnología Ambiental), y ‘Journal of Hydrology’ (Revista de Hidrología).

Lea más sobre esta investigación en la revista ‘Agricultural Research’ de julio del 2011.

 

Fuente: ARS

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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