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Quesos Fabricados con Leches de Razas de Ganado con Alto Contenido Graso

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Un aroma puro, cremoso y complejo, con notas a hierba fresca, ideal para entremeses, sandwiches y meriendas, así es el camembert, uno de esos quesos premium, que no se pueden dejar de disfrutar, pero para producirlo se necesita una leche de razas de ganado con u alto tenor graso.

Seguramente su boca ha tenido el placer de degustar un pedazo de camembert o queso azul, pero no se imagina que este tipo de alimentos requieren que la leche de la que se obtienen tenga alto contenido graso y proteíco.

Para lograr que la leche de su hato tenga estas dos propiedades se deben tener en cuenta varios factores. Según Alpina, empresa productora de estos derivados lácteos, el contenido graso del alimento depende de la ubicación geográfica, el tipo de ganado y la alimentación que se le proporcione.

Para la fabricación de quesos como el manchego y provolone se requieren de altos contenidos grasos, lo que se estandariza mediante la adición de crema.

Según Ricardo Chirivi, gerente de Fomento Ganadero de la empresa láctea colombiana Alquería, entre los factores determinantes del nivel de grasa y proteína y, en general, sólidos totales en la leche, se pueden considerar: genética, manejo y nutrición. Con respecto a la genética, hay razas bovinas de producción de leche con mayor aptitud para el aporte de estos componentes, como por ejemplo: Jersey, Normando, Ayrshire, entre otras.

«En cuanto al manejo, estar lo más cerca de una óptima relación Suelo: Planta : Animal permite que los animales expresen su mayor potencial productivo, incluyendo una mejor calidad composicional de la leche», asegura.

Por último y, posiblemente, como factor de mayor impacto, la nutrición es clave, ya que una dieta balanceada tiene tres componentes básicos, que son: energía, fibra, y proteína. Esto cubre las necesidades metabólicas de la vaca lechera y, de esta manera, el animal la puede convertir en mayor aporte de grasa y proteína en la leche.

Elaborar quesos

En la elaboración de quesos es importante mencionar que la relación entre grasa y proteína de la leche debe existir una proporción específica entre estos dos componentes, lo que facilite los cambios bioquímicos que conducen a un perfil particular del producto, al finalizar el proceso de maduración o afinado.

Información entregada por la empresa Alpina señala que, usualmente, el contenido proteíco en las leches destinadas a fabricar quesos maduros no suele alterarse, sino solamente el graso para poder mantener la relación entre grasa y proteína que se desea para el producto final.

Es de resaltar que el extracto seco de cualquier queso natural está compuesto principalmente por proteína y grasa, componentes que tienen gran impacto en el producto final.

En lo que respecta a la situación geográfica, en Colombia en el caso de la Región Caribe difiere de las demás zonas productoras de leche del país, debido a su mejor calidad composicional de la leche, lo que se convierte en un factor económicamente rentable en la fabricación de derivados lácteos.

El médico veterinario, Javier Ruíz, asegura que esta bondad se debe a dos variables: la primera tiene que ver con el componente racial del hato ganadero. En la Región Caribe el común demoninador son los cruces con Bos Indicus. Además, por su proceso evolutivo este tipo de ganado ha fortalecido características genéticas que le permiten aumentar la proteína y grasa de la leche.

Calidad higiénica, también influye

El veterinario, Javier Ruiz, dice que el punto más álgido que limita alcanzar estándares de producción y comercialización de leche corresponde a la calidad higiénica de los productos, debido a que los procesos productivos, en especial, el ordeño se han venido manejando de forma tradicional con técnicas obsoletas que no garantizan la inocuidad de la leche.

«Los sistemas de producción láctea en el trópico bajo, basados en el pastoreo natural, también influye en la composicional de la leche», dice.

 

Fuente: La República

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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