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Ventajas del Comercio Internacional del Material Genético en la Ganadería

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Parece especialmente apropiado comentar sobre las implicaciones del intercambio internacional de material genético. Existen muchas razones por las cuales este intercambio puede ser de gran ventaja para criadores dispuestos a tomarse el tiempo de identificar la mejor genética para sus programas de cría.

El comercio internacional de plasma germinal entre criadores – sea de animales vivos, semen o embriones – puede ser de enorme beneficio para los que participan. Obviamente, ese comercio extiende los mercados para los criadores de pie de cría y puede resultar en una mayor demanda para varios linajes genéticos.

Sin embargo, el comprador de dicha genética también se beneficiará. Quizá la mayor ventaja hacia la cooperación internacional es que extiende el fondo común genético del cual se puede seleccionar.

Al poder seleccionar de un fondo común más grande de animales, los criadores serán más selectivos con respecto a los animales que compran, aumentando así la intensidad de selección.

La intensidad de selección es uno de los cuatro factores que determina la tasa del mejoramiento genético de cualquier característica, con los otros tres factores siendo: (1) intervalo entre generaciones o la tasa a la cual los animales jóvenes entran al programa de cría; (2) la exactitud con la cual un criador toma decisiones de selección (cuando se encuentran disponibles, las DEP (diferencias esperadas en la progenie) típicamente proporcionan la mejor exactitud); y (3) la variabilidad genética sobre la cual los criadores tienen poco control. En pocas palabras, un fondo común más grande del cual se puede seleccionar llevará a mayores tasas de mejoramiento genético.

Con el comercio internacional, la expansión del fondo común de animales del cual se puede seleccionar con frecuencia, significa que hay disponibilidad de linajes adicionales dentro de una raza.

Esto ayuda a compensar los efectos de la cría al linaje. Criadores usan la cría al linaje con frecuencia para maximizar el parentesco de los animales a un ancestro de calidad superior. No obstante, la cría al linaje es una forma «leve» de la endocría o endogamia y puede resultar en una depresión endogámica – básicamente, lo contrario del vigor híbrido o heterosis – donde el vigor híbrido es una de los puntos fuertes de toda raza compuesta de ganado vacuno o programa de cruzamientos.

La depresión endogámica típicamente resulta en fertilidad y supervivencia reducidas – con ambos siendo clases de características de importancia económica.

Al incorporar nuevos linajes de una raza como por ejemplo el Brangus en su programa de cría que no son emparentados con los animales que ahora tiene, se compensa un poco el efecto de la depresión endogámica.

Desde el punto de vista del comercio internacional, la única inquietud para los criadores es el potencial de un genotipo dado debido a las interacciones del medio ambiente. Existe el potencial de esta interacción cuando se toman decisiones de selección o se compran animales que vienen de ambientes enormemente diferentes al ambiente en que se les exige desempeñarse e ellos (y a su progenie).

En los genotipos debido a las interacciones ambientales, los animales que son genéticamente superiores y que producen progenie que se desempeña bien en cierto ambiente, quizá no se desempeñe tan bien en otros ambientes. Desde el punto de vista de Norteamérica, esas interacciones, típicamente, han resultado ser relativamente mínimas, pero éstas pueden resultar más graves cuando se trasladan animales de climas relativamente templados a climas tropicales donde las cargas de enfermedad y parásitos pueden ser más severas.

En resumen, con la selección apropiada de animales, el intercambio internacional del material genético tiene el potencial de aumentar el mérito genético de su hato más rápidamente de lo que sería posible de otro modo.

 

Fuente: Brangus International

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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