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Uruguay habilitó importación de vacunos de Argentina

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Tras casi dos años de negociaciones, Argentina volverá a exportar bovinos reproductores y para engorde a Uruguay. La Dirección Nacional de Servicios Ganaderos (DGSG), del Ministerio de Ganadería Agricultura y Pesca (MGAP), aceptó el certificado, que deberá acompañar el envío de los animales, propuesto por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), organismo que depende del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, quedando así reabierto el mercado.

Uruguay importa entre 50 y 60 animales por año, sobre todo, para mejora genética. A propósito, Eduardo Barre, director de la DGSG, explicó a El País, algunas consideraciones sobre esta reapertura.

En primer lugar, señaló que hay un acuerdo del Mercosur, ya de varios años, para la exportación de ganado en pie para un lado y para el otro.

En 2018 hubo una actualización de la norma del Mercosur y durante casi dos años se trabajó en el certificado sanitario, por lo que hubo algunos cambios en los programas sanitarios de cada país.

“No hay una gran apertura así como para hacer una magnificación de la importación de ganado desde Argentina”, señaló el director de la DGSG.

Los dos certificados que se aprobaron son para engorde y reproducción, e hizo especial hincapié en que el de faena no está aprobado porque Argentina envió un modelo, pero Uruguay no estuvo de acuerdo con el mismo.

“También estamos trabajando de aquí para allá. Es decir, hay reciprocidad”, agregó.

Consideraciones. En consideraciones generales, el ganado proveniente de Argentina contará con una caravana verde, no podrá ser enviado a frigoríficos exportadores y deberá cumplir con una cuarentena de 30 días en el país de origen y 21 días en Uruguay, ambas aprobadas y auditadas por los servicios oficiales.

Ahora bien, Barre indicó que todo el ganado importado va a tener una trazabilidad caravana verde. “No va a llevar nunca una caravana salmón”, afirmó.

Eso significa que el ganado tiene que ser trabajado con ciertas normativas una vez que ingresa al país.

A modo de ejemplo, señaló que ese animal proveniente de Argentina nunca podrá ser faenando en un frigorífico exportador porque ningún comprador de Uruguay -tanto en procolo como en certificado sanitario- va a aceptar a un animal de otro país.

“Una de las primeras cláusulas que tiene cualquier protocolo o certificado sanitario dice que no aceptan animales de otro país. Siempre van a decir que deben ser nacidos y criados en el país de origen”, indicó.

Otro punto muy importante, que se da, por ejemplo, en el protocolo de China, es que si un productor importa a un animal y lo pone en su predio, ese campo quedará interdicto por un año para enviar animales a frigoríficos exportadores.

En ese sentido, Barre calmó las aguas y sostuvo que “no va a haber una invasión de animales”, ni que se abrirán las puertas al ganado, con ese entusiasmo con que la noticia ha sido informada por los medios argentinos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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