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Tecnología para la Producción Sustentable de Forrajes de Temporal para Lechería Familiar

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El Instituto Nacional de Investigaciones, Forestales, Agrícolas y Pecuarias de México (INIFAP) ha generado un paquete tecnológico integral para abatir la problemática sobre la baja productividad y la rentabilidad del sistema de lechería familiar, que representa la escasez de forraje de buena calidad durante las épocas críticas del año en el altiplano semiárido templado de México.

La tecnología consiste en la aplicación de labranza mínima y 15 toneladas de estiércol por hectárea, la inoculación de la semilla con micorriza, la captación de agua de lluvia in situ con Aqueel y pileteadora, así como la siembra de cultivos intercalados de sorgo, garbanzo, mijo y la asociación avena-chícharo.

De esta manera es posible obtener de ocho a 10 toneladas de materia seca por hectárea con 11 por ciento de proteína cruda y una digestibilidad superior a 70 por ciento, en comparación con la producción de maíz cultivado de forma tradicional. El uso de esta tecnología posee un impacto positivo en la conservación de suelo y agua, ya que se reducen las pérdidas de suelo hasta en 85 por ciento y los escurrimientos superficiales en 23 por ciento.

La escasez de forraje de buena calidad afecta la producción de leche del ganado bovino de traspatio y provoca altos costos de producción por concepto de compra de alimento para el ganado. Con esta tecnología se disminuyen un 30 por ciento los costos de producción en la alimentación y se genera alimento de buena calidad para el ganado lechero.

Esta tecnología se puede aplicar en todos los sistemas de producción lecheros de pequeña escala, ya sean de tipo familiar, de subsistencia, mixtos o especializados, que se ubican en el altiplano semiárido, donde prevalecen condiciones de temporal deficiente, lo cual implica una superficie de aplicación potencial de aproximadamente 250 mil hectáreas. La información necesaria para implementar la tecnología se encuentra disponible en el Campo Experimental Pabellón del INIFAP, en el estado de Aguascalientes, en el folleto técnico “Agricultura de Conservación: Alternativa integral para la producción de forraje de temporal”.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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