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Tecnología Para la Ganadería en Argentina

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Un grupo de investigadores de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA – Argentina), el Instituto de Genética Veterinaria de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y el CONICET, desarrolló un novedoso chip con un conjunto de marcadores moleculares, entre un grupo de 640.000, para bovinos de la Argentina de las razas Brangus, Braford y Brahman. La herramienta permitirá a los criadores incorporar información genómica a la selección de reproductores, para mejorar los rodeos en menos tiempo y a un menor costo, respecto de los valores internacionales.

Esta nueva herramienta se denominó ArBos1 y obtuvo el premio en la categoría Investigación Aplicada en la edición 2016 del Concurso Nacional de Innovaciones (Innovar). Según sus responsables, se trata de un desarrollo único en la Argentina. A partir de ahora, los productores ganaderos podrían acceder en el país a un servicio de genómica que debían realizar en el exterior y, con ello, agregar información genómica al pedigree y a los caracteres fenotípicos (características de medición directa en los animales, como pesos y mediciones de res por ultrasonido).

“Hasta la actualidad existía un chip con características similares, desarrollado por la empresa Illumina, que fue concebido para ser muy informativo para las razas Angus y Holando. Pero este chip perdía calidad de información (todos los animales de esa raza son iguales para ese marcador) al aplicarlo a las razas Brahman, Brangus o Bradford, que son importante por su difusión en la Argentina”, explicó Cantet, quien participó en la investigación desde la FAUBA junto a Sebastián Munilla.

Además, señaló: “Hicimos una placa más económica, con tecnología de la empresa Affymetrix, totalmente informativa para razas compuestas británico-índicas, y le introducimos marcadores que indican algunas enfermedades hereditarias, coloración del pelaje y largo del prepucio, por ejemplo”.

Muchas Aplicaciones

El chip desarrollado por la FAUBA y la UNLP permite diagnosticar enfermedades de origen genético y realizar ensayos de paternidad y estudios de linajes. “Tiene muchas aplicaciones. Quizás la más importante es la selección, pero también permite hacer una verificación de paternidad o la trazabilidad del animal. Por ejemplo, al exportar carne a China podrías certificar que ese producto viene de la Argentina y saber cuáles son los padres”, comentó el investigador de la FAUBA.

Cantet explicó que los marcadores moleculares permiten identificar polimorfismos: “Sería una manera de conocer cada animal en particular a través de una huella digital”. Para graficarlo, se refirió a los marcadores como luces: “El ADN (material genético) de una persona podría verse como una serie de veladores colocados uno a cierta distancia del otro (por ejemplo, cada 50 metros), desde Buenos Aires a Mar del Plata. Evaluar qué marcadores lleva el animal es conocer cuál es el patrón de luces prendidas (P) o apagadas (A): por ejemplo, AAAPPAPAPP. Este patrón es único para cada animal. Pero como se trata de una tecnología muy costosa, decidimos mirar una lámpara cada 200 metros, sabiendo que en Brangus, Braford y Brahman, para cualquiera de esas luces habrá animales A y otros P. Esa es justamente la presencia del polimorfismo, que si fueran todas A o P no marcarían nada en esa raza”.

Originalmente, el sistema disponible para Brangus, Braford o Brahman evaluaba potencialmente 50.000 marcadores moleculares (contra los 640.000 que ofrece el chip actual). Su costo oscilaba entre los 75 y 85 dólares por animal. Pero demás, en el sistema original de 50.000 sólo se prendían o apagaban 35.000 luces en Brangus o Braford. “Perdíamos 15.000 de entrada, con lo cual el costo real era mucho mayor. Nuestro trabajo se concentró sobre qué luces aparecían como A y P en las tres razas, para determinar la huella digital de cada animal”. El costo del chip desarrollado es de 40 dólares por animal.

Recombinación

“La información clave desde el punto de vista de la selección es conocer qué marcadores del ternero provienen del abuelo y cuáles de la abuela, dado que papá y mamá pasaron cada uno la mitad de los marcadores que recibe el ternero. Eso es porque hermanos enteros tienen siempre un medio de papá y otro medio de mamá, pero cada medio que recibe cada uno de los hermanos tiene una proporción distinta de marcadores que vienen del abuelo o de la abuela”, detalló Cantet.

“Conocer esas proporciones permite mejorar la precisión de las predicciones DEP (Diferencias Esperadas de Progenie), es decir, cuánto más o menos va a producir un toro en base al conocimiento real de la transmisión del material genético”. Esta es la teoría desarrollada por el grupo de investigación de Cantet, quien introdujo un modelo predictivo del mérito genético que tiene en cuenta la recombinación del ADN (proporciones distintas de cada par de abuelos) al formar el ternero.

“Mi investigación está orientada a predecir la herencia. El ADN se transmite en segmentos (como si fueran porciones de una torta) y no en genes (que serían miguitas de la torta)”. ¿Qué significa esto? En el modelo convencional de evaluación, el padre y la madre aportan, cada uno, la mitad de la carga genómica del ternero. Siguiendo esta lógica, cada abuelo aporta una cuarta parte, un bisabuelo la octava parte y así sucesivamente. Pero en la práctica esto no ocurre de ese modo, sino que existe una “recombinación”. O sea, el material genómico se trasmite mezclado o por segmentos donde viajan muchos genes. Este concepto es muy destacado por el investigador, porque hasta ahora ningún modelo de evaluación genética tenía en cuenta la recombinación.

Ahorro en Tiempo

Para utilizar el ArBos1, el criador debe enviar al laboratorio una muestra de semen, sangre o pelos del toro, donde se encuentra el material genético. Allí se realiza un ensayo con la tecnología desarrollada por la FAUBA y la UNLP para obtener el perfil genómico del animal, que luego podría ser incorporado junto a los datos fenotípicos para utilizar en la selección y el mejoramiento de los animales reproductores.

La meta es poder predecir estos datos en el animal que aún no nació. “En la lechería, por ejemplo, la prueba de progenie requeriría analizar un número de terneros machos y esperar siete años hasta que las hijas de esos toros produzcan leche. Con la primera lactación de las hijas se obtenía la primera evaluación genética. Hoy podemos calcular la relación de parentesco usando padres y abuelos. Pero estamos trabajando para, en el futuro, lograr esa predicción con la información de contemporáneos u otros ancestros”. Esto significa que con una ecuación predictiva se ganarían entre cinco y siete años de trabajo.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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