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Suplemento Alimenticio para Vacas Reduce Emisiones de Metano

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Un nuevo suplemento alimenticio para vacas lecheras logró reducir en 30 por ciento las emisiones de gas metano de estos rumiantes, y promete convertirse en un arma valiosa en la lucha contra el cambio climático.

La cría de ganado representa 44 por ciento de las emisiones de metano en el planeta derivadas de la actividad humana, y la reducción de este gas podría ser un gran paso en la lucha contra el cambio climático, según los autores de un estudio de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) publicado el jueves por la Academia Nacional de las Ciencias de Estados Unidos.

Si es aprobado por la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) y adoptado por la industria de agropecuaria, este inhibidor de metano podría tener un impacto significativo en las emisiones de gases del sector ganadero, dijo Alexander Hristov, profesor de nutrición de la universidad Penn State de los Estados Unidos y principal autor del trabajo.

La fermentación en el estómago del ganado, ovejas y cabras produce metano como resultado de la acción de microorganismos durante la digestión y cada vaca lechera emite entre 450 y 550 gramos de este gas al día.

Enzima Bloqueada

Los científicos descubrieron que una sustancia denominada 3-nitrooxypropanol (3-NOP), desarrollada por la empresa holandesa DSM Nutritional Products y suministrada como un suplemento alimenticio para los bovinos, bloquea una enzima necesaria para producir metano sin afectar la digestión, determinó el estudio.

La investigación fue realizada durante tres meses en establos de Pensilvania con 48 vacas Holstein Breed. El suplemento también permitió que los animales ganaran peso debido a menor formación de metano.

La ganancia de masa corporal se explica porque el carbono que no es utilizado en la formación de metano es aprovechado por el organismo para producir más tejido.

Los investigadores dijeron además que la salud de las vacas y la producción de leche no se vieron afectadas por el suplemento.

Ermias Kebreab, profesor de ciencia animal en la universidad de California en Davis –quien no participó en el estudio– dijo que el resultado es muy alentador.

Es una gran promesa porque no se esperaba llegar a este nivel de reducción al aplicar este complemento, afirmó. Treinta por ciento es una cifra enorme y puede significar una gran diferencia en los gases de efecto invernadero emitidos por el sector agropecuario, agregó.

Yo recomendaría hacer este tipo de estudios por un periodo más largo. Deberían hacerse durante todo un año y en diferentes locaciones, acotó.

En total, el campo es responsable de 24 por ciento de las emisiones mundiales totales de gases de efecto invernadero, principalmente CO2 y metano.

Advierten de Peligro en Deltas

Los países ricos construyen infraestructuras contra los riesgos de inundaciones en sus deltas poblados; sin embargo, debido al crecimiento de los océanos y la frecuencia de las tormentas ligadas al calentamiento global estas medidas serán insuficientes y más costosas, predijo un estudio publicado el jueves.

Estas naciones podrían sufrir las mismas inundaciones devastadoras que los países pobres que no pueden construir diques o canalizar los ríos de sus deltas, según modelos de simulación publicados por la revista estadounidense Science.

Los investigadores, entre quienes se incluye a Zachary Tessler, de la universidad de Nueva York, simularon el efecto del cambio climático en las próximas décadas en 48 grandes deltas del mundo, donde viven más de 340 millones de personas.

Según estimaciones recientes, de aquí a 2050, si el nivel de los océanos continúa subiendo, las inundaciones más frecuentes podrían costar miles de millones de dólares por año en pérdidas en las 136 ciudades costeras más grandes del mundo.

Nuestro estudio demuestra que la capacidad económica y el hecho de poner en marcha soluciones de ingeniería serán determinantes para preservar permanentemente los deltas, consideraron los expertos.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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