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Silobolsa: Estrategia para el Engorde de Ganado en la Patagonia Argentina

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En el pueblo de Trevelín, se realizó la primera experiencia en la cual se observaron aumentos de hasta 1,2 kilogramos por día.

El ensilado de avena como alternativa al maíz significó para Trevelin –un pueblo ubicado al pie de la cordillera en el oeste de Chubut en la patagonia argentina– un complemento estratégico para la recría y el engorde bovino.

“Con esta técnica pasamos de perder un promedio de 150 gramos diarios a ganar más de 850”, sostuvo Miguel Raso, especialista en producción animal del INTA Esquel –Chubut– quien aclaró que en los períodos iniciales el aumento fue de 700 gramos mientras que sobre el final de la experiencia fue de 1.200 gramos por día.

El uso estratégico de las reservas en épocas de déficit permitió obtener buenas ganancias diarias de peso, a la vez de disminuir la utilización de insumos externos, como el maíz, que por la alta incidencia del flete aumentan el costo de la ración.

Entre los suplementos más utilizados, el maíz como grano seco, húmedo o silaje juega un rol clave en la mayoría de los sistemas ganaderos argentinos. La incorporación de cereales de invierno –avena, cebada y centeno– en la región cordillerana de la Patagonia en la alimentación de terneros es una alternativa viable para reducir la dependencia de insumos externos a la región.

“A su vez la difusión de la técnica del embolsado, permite minimizar las pérdidas de calidad y aportar practicidad de uso a través del autoconsumo”, aseguró Raso.

Cuestión de Peso

Recriar animales a campo en la región, implica perder peso durante el invierno, pérdida que puede llegar hasta un 10 % del peso vivo. En el INTA Esquel se implementan distintos ensayos de alimentación invernal que tienen como objetivo analizar alternativas que mejoren el comportamiento productivo de los animales a la vez que resulten económicamente viables.

En este sentido, se evaluó la utilización de silobolsa de planta entera de avena, en la alimentación invernal de terneros, destacando que el silaje constituyó el 50 % de la ración, la cual se completó con maíz y un núcleo proteico a fin de ajustarla a los requerimientos de esta categoría de animales.

Asimismo, Raso destacó la importancia de un buen cultivo para logar una buena reserva y señaló que “disponer de un alimento de mediana calidad y bajo costo permite definir estrategias de utilización adecuadas a diferentes objetivos como: recría o engorde intensivo disminuyendo el costo de la ración e incluso como suplementación invernal en vacas de cría”.

Fuente: Agencias

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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