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Sí, se debe consumir leche luego de la niñez

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La Federación Panamericana de Lechería (FEPALE) señala que las mujeres gestantes, los deportistas y especialmente niños y adolescentes se encuentran entre los colectivos con mayor necesidad de lácteos.

La leche y los productos lácteos constituyen uno de los principales grupos de alimentos en la nutrición de una persona. Durante los primero años de vida, luego del período de lactancia materna, los lácteos son fundamentales para el crecimiento y desarrollo de los niños, y a medida que vamos creciendo, y nuestros requerimientos nutricionales van cambiando, los lácteos nos brindan las proteínas necesarias para mantener una buena salud.

La Federación Panamericana de Lechería (FEPALE) indica que el ser humano consume leche desde hace más de 7 mil años, por lo que es parte de nuestra evolución y ha jugado un rol notable en el desarrollo cerebral. El ser humano continúa bebiendo leche después de los 2 años de vida, pues se ha adaptado al consumo de todo tipo de alimentos.

Los lácteos como la leche, el queso y el yogurt cuentan con proteínas que el cuerpo requiere y la cantidad a suministrar varía en función de las necesidades propias de cada organismo. Los niños en fase de crecimiento, los adolescentes, las mujeres gestantes y los deportistas se encuentran entre los colectivos con una mayor necesidad de ellas, aunque también son necesarias en los adultos mayores minimizando la pérdida de masa muscular propia de esta edad, ya que se trata de un elemento imprescindible para un buen funcionamiento general de nuestro organismo, a cualquier edad y en cualquier situación.

Es gracias a los lácteos que se logra cumplir con la cuota de calcio que necesita nuestro cuerpo diariamente, para apoyar la estructura y rigidez de nuestros huesos y dientes. Además, FEPALE señala que es necesario reforzar nuestro consumo de calcio sobre todo en la etapa de la niñez y la adolescencia.

“Estudios recomiendan tomar un desayuno alto en proteínas lácteas para reducir el consumo de alimentos con alta densidad energética a lo largo del día y de ese modo también mejorar la dieta en niños y adolescentes, evitando que caigan en la obesidad y mejoren la calidad de vida cuando lleguen a la adultez”, señala Rafael Cornes, Coordinador Campaña ¡Sí a la Leche! de FEPALE.

Finalmente, FEPALE hace hincapié en que la leche contribuye en la adquisición de una adecuada masa ósea, por ello la recomendación de que se consuma 3 porciones diarias de leche o lácteos en las etapas tempranas del ser humano. Adicionalmente, la leche contiene vitamina D, un nutriente determinante en la absorción de calcio a nivel intestinal y por ende, en la salud ósea.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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