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Realizarán Estudio de Monitoreo de Tuberculosis y Brucelosis en Nicaragua

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En Nicaragua la presencia de la Brucelosis y Tuberculosis bovina en fincas ganaderas y su relación en humanos, es el tema de un estudio epidemiológico que realiza el Ministerio Agropecuario y Forestal, el Ministerio de Salud y la Escuela Veterinaria de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua sede León. 

El estudio pretende determinar los niveles de prevalencia de la brucelosis y tuberculosis bovina, en la población ganadera en siete municipios del país que mostraron resultados positivos entre el 2010 y el 2011. También se investigará la relación que existe de estas enfermedades con el ser humano.

Los resultados del estudio interinstitucional, servirá de fundamento para el establecimiento de programas de control y erradicación de ambas enfermedades, así como incluir la brucelosis bovina, dentro del Programa de vigilancia epidemiológica del MINSA, en las zonas objeto de estudio.

El estudio se realiza con la cooperación financiera y técnica de la Organización Panamericana de la Salud y tiene una inversión de 255 mil 220 córdobas (aproximadamente USD 10,000 dolares americanos).

El doctor Eliseo Aguilar, responsable del programa de brucelosis y tuberculosis bovina del Ministerio Agropecuario y Forestal, explicó que “por por primera se estudia la interrelación de la brucelosis de los animales con el ser humano”.

Para el análisis de la prevalencia de la brucelosis en el ganado, técnicos veterinarios del MAGFOR, realizan muestras de sangre a 4 mil 081 cabezas de ganado bovino en 80 fincas de los municipios de El Rama y la Cruz de Río Grande en la Región Autónoma del Atlántico Sur; en el Coral en Chontales; Boaco y en Chinandega en el municipio de El Viejo, municipios que resultaron positivos con brucelosis bovina en el 2010-2011.

En estos mismos municipios, personal del Ministerio de Salud, toma muestras de sangre a los trabajadores permanentes y temporales que laboran en las 80 fincas seleccionadas para el estudio, a los destazadores y comerciantes de carne para determinar si los animales infestados están transmitiendo la enfermedad a las personas vinculadas a esta actividad.

También toman muestras de sangre a los propietarios de la finca, a los médicos veterinarios y técnicos pecuarios que trabajen con ganado bovino.

La prueba de tuberculina para determinar la prevalencia de la tuberculosis se aplica a 370 cabezas de ganado en 49 fincas de San Marcos y Dolores en el departamento de Carazo.

“En las fincas que resulte al menos un bovino positivo a brucelosis o tuberculosis bovina, el ganado de la propiedad entrará a un proceso de saneamiento hasta que se certifique como finca libre de brucelosis o tuberculosis bovina”, aseguró Aguilar.

Mientras que las personas que resulten reactores a brucelosis o tuberculosis, serán tratadas bajo un esquema establecido por las autoridades de salud hasta darle de alta.

Tanto la brucelosis como la tuberculosis bovina son enfermedades infectocontagiosa que afecta al hombre y a los animales.

La brucelosis es producida por una bacteria del genero Brucella y afecta, principalmente, a las hembras bovinas en edad reproductiva, provocando abortos. En los machos produce pérdida de fertilidad.

En tanto la tuberculosis bovina es producida por el Mycobacterium bovis y causa deterioro en la salud y disminuye la productividad en el ganado de carne y leche.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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