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Razas Ovinas No Tradicionales

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Una interesante revisión sobre tres razas ovinas a considerar.

Scotish Black Face

La raza Scottish Black Face es primitiva de las montañas de Escocia, bien adaptable a lugares húmedos y cálidos. Es buena productora de carne y lana. Las ovejas, a pesar de ser preñadas se destacan por sus músculos, libres de grasa. Su carne es de muy buena calidad, muy jugosa y de agradable sabor. En cuanto a su lana, es aprovechable para la confección de tapizados, cortinas y otros tipos de artesanías. Su lana es gruesa, larga y suelta.

La cabeza de la Scottish Black Face es muy cotizada por los cuernos que posee, los cuales se utilizan para la fabricación de diversos tipos de adornos.

En cuanto a sus cualidades fenotípicas, no es muy grande, posee un pigmento negro en la cabeza, al igual que las pezuñas.

Las madres de esta raza se caracterizan por ser protectoras con sus crías. Su prolificidad puede ser aprovechada para realizar la cruza con otras especies a fin de mejorar la producción.

Lincoln

La raza Lincoln, al igual que la Scottish, es de origen inglés y puede aprovecharse por sus cualidades carniceras y laníferas. Es un ovino muy peculiar debido a que su lana es muy gruesa y prolongada, lo que permite su aprovechamiento en tapicería. Sus mechas son largas y puntiagudas. En cada esquila, la lana de un año puede llegar a 28 o 30 centímetros de longitud. Su carne es muy buena. Se ha utilizado para crear otras razas, lo que puede beneficiar a los productores ovinos. Se adapta más bien a climas templados, húmedos y muy lluviosos.

Mediante el cruzamiento de las razas Lincoln y Merino fue posible originar la raza Corriedale. Igualmente, se creó otra raza de doble propósito, denominada Polwerth o Ideal, muy difundida en Uruguay, Brasil y el litoral argentino.

Pampinta

La raza Pampinta es productora de lana, leche y carne, por lo que se la conoce como un animal de triple propósito. Permite obtener corderos magros y pesados de gran precocidad. Asimismo, posee una alta precocidad y un rápido crecimiento, permitiendo el destete a los 90 días y 30 kilogramos de peso vivo. Su calidad de carne es muy elevada como su producción de leche, la que puede superar el litro diario.

Posee un vellón semiabierto, con una finura menor de 33 micras; se la clasifica como cruza media, apta para distintos usos industriales.

Fuente: Agencias

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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