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Queso con Omega 3 y 6 en Base a Sacha Inchi

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Este producto tiene un proceso de elaboración similar al del queso crema tradicional y posee un 40 % menos de ácidos grasos saturados.

Con la adición de sacha inchi, fruto conocido como el maní o cacahuate inca, Jorge Yesid Ruiz Moreno, magíster en Ciencia y Tecnología de Alimentos de la Universidad Nacional de Colombia (U.N.), desarrolló un queso más saludable.

El nuevo queso, producto propuesto por los profesores Luis Felipe Gutiérrez y Carlos Novoa – Directores de la tesis- forma parte de los proyectos del Corredor Tecnológico Agroindustrial de Bogotá y Cundinamarca, iniciativa en la que participan la Gobernación de este departamento, la Alcaldía Mayor de Bogotá, Corpoica y la U.N. con el Instituto de Ciencia y Tecnología de Alimentos (ICTA). Este tiene como objetivo desarrollar y formular alimentos funcionales orientados a madres gestantes y lactantes, y para la población de la primera infancia.

FOTO. Fresas y Sacha Inchi utilizados en el queso

El magíster Ruiz explica que el queso está pensado para todo tipo de consumidores, pero “como contiene omega 3 y omega 6, es más beneficiosos para niños y madres gestantes y lactantes”.

El queso con sacha inchi aumenta unas 18 veces el contenido de omega 3 con respecto a un queso elaborado sin la semilla. Otro beneficio es que el contenido de ácidos grasos poliinsaturados crece cerca de 12 veces respecto a los quesos normales, un aspecto importante porque estos disminuyen el contenido de lipoproteínas de baja densidad (LDL por sus siglas en inglés), conocidas comúnmente como “colesterol malo”. Además ofrece propiedades antiinflamatorias, anticoagulantes y vasodilatadoras, por lo que su ingesta disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares.

De igual manera, reduce en un 40 % el contenido de ácidos grasos saturados, responsables de aumentar el contenido de LDL cuando se consumen en exceso.

FOTO. Proceso de elaboración de queso similar al queso crema

Para Mejorar el Sabor

Con este tipo de queso se buscaba reunir en un mismo producto características saludables en un queso funcional y rico.

De esta manera surgió la idea de fabricar un queso crema, un queso fresco, no madurado y ácido, sometido a un tratamiento mecánico y térmico para que presente su textura fibrosa y elástica característica.

Los quesos fueron los productos lácteos más producidos en el país en 2017, según la Unidad de Seguimiento del Precio de la Leche de Corpoica.

Además de sacha inchi se le añadieron fresas deshidratadas para mejorar el sabor del producto, debido a que muchas personas pueden no estar acostumbradas al sabor de la almendra.

“La fresa le da un sabor ácido y dulce”, afirma el investigador. Esta fruta fue elegida porque se produce en Cundinamarca y porque aporta fibra y micronutrientes.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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