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¿Qué estrategia aplican en Argentina, para apoyar a los pequeños ganaderos ante la falta de lluvias?

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En Corrientes (noreste de Argentina), en los últimos 6 meses, alrededor de 1.200 productores ganaderos con menos de 50 cabezas, recibieron alimento balanceado para equilibrar la escasez de forraje animal, debido a la falta de lluvias no permitiendo la normal recuperación de los pastizales.

Durante el 2022 en la provincia de Corrientes, desde la Mesa Interinstitucional de Emergencia Agropecuaria, se distribuyeron 330 toneladas de alimento balanceado alcanzando a un total 1.200 productores de 12 municipios del norte de la provincia.

El Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) a través de su Centro Regional Corrientes, informa que en 2022 se entregaron 11 equipos completos de alimento balanceado, al 12 % de proteína, lo que sumó un total de 330 toneladas, llegando a más de 1.200 productores con menos de 50 cabezas.

Cabe destacar que la distribución de alimento se da en el marco de la emergencia agropecuaria declarada en la provincia de Corrientes, por déficit hídrico y sequías acentuadas en la región. Durante el 2022 llovió menos del 60% de la media anual, en el tercer año consecutivo de seca.

En ese sentido desde fines del 2021, el Centro Regional Corrientes del INTA, se propuso la conformación de una Mesa Interinstitucional de Emergencia Agropecuaria integradas por el IDERCOR, SAFCI, Gobierno provincial, FUCOSA, INTA, SENASA, UNNE, Consejos Profesionales de Ingenieros Agrónomos y Médicos Veterinarios, Municipios, Entidades Agropecuarias etc.

Con la mesa, se gestionó donaciones de poroto de soja, incautadas por la Justicia Federal de Paso de los Libres Corrientes y de Oberá Misiones. Que a través de convenios con empresas locales, fabricantes de alimentos balanceados, se transformó la leguminosa en alimentos animal al 12 % de proteína, para los pequeños productores.

La distribución del alimento se hizo en forma conjunta con las instituciones participantes de la mesa y los municipios. Hasta el momento se concretó la distribución en los municipios de Ituzaingó, El Sombrero, San Cosme, Itá Ibaté, Berón de Astrada, Lomas de Vallejos, Loreto, San Luís del Palmar, San Miguel, Caá Catí, San Antonio (Isla Apipe Grande) e Itatí.

Es importante destacar que la actividad, no se centró solamente en distribuir alimento, sino que la misma fue acompañada de capacitaciones en la conservación, uso y manejo del alimento balanceado. A esto se le sumó la adjudicación, instalación y uso de boyeros solares (cercos eléctricos) financiados por el Programa PERMER a 382 productores con las siguientes recomendaciones:

¿Cómo hacer más eficiente el trabajo en los sistemas productivos ganaderos?

 

Planificación previa y control de funcionamiento

 

El uso de cercos eléctricos (boyeros) en situaciones climáticas extremas

 

PERMER y los boyeros solares (cercos eléctricos solares)

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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