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Proyecto Evaluará Comportamiento de Alfalfas Resistentes a Sequías en Chile

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Por un monto cercano a los 180 millones de pesos chilenos (USD 360,000 dolares americanos), un proyecto aprobado por la entidad Fondecyt y ejecutado por el INIA La Cruz evaluará factibilidad de utilización de la alfalfa bajo condiciones de secano, con la prueba de materiales tolerantes a sequía para zona del secano costero en Chile. 

El propósito de esta iniciativa es introducir y evaluar la persistencia en verano de nuevo germoplasma de leguminosas perennes en ambientes mediterráneos del país del sur.

El proyecto cuenta con financiamiento Fondecyt y tiene como objetivo principal evaluar nuevas legumbres herbáceas perennes en agroecosistemas mediterráneos secos, persistencia de pasto, productividad, fijación de nitrógeno y uso eficiente del agua.

En Chile el 95% de la superficie cultivada con alfalfa corresponde a zonas de riego, por ende, el valor que ofrece este estudio es que se puede sembrar alfalfa en el secano costero de nuestro país. Dado este escenario, destaca Carlos Ovalle, ingeniero agrónomo Ph.D, director de este proyecto, “esta iniciativa despierta gran interés ya que en Chile no existe una variedad de alfalfa resistente a sequía, siendo casi un 100% variedades aptas para condiciones de riego”. Enfatiza, además el hecho que no existía información local sobre el comportamiento de variedades aptas para el secano costero y mediterráneo.

El Doctor Ovalle destaca el impacto que tendría este estudio en los sistemas productivos bovinos y ovinos del secano mediterráneo, toda vez que se dispondrá de este recurso forrajero para períodos críticos.

En Chile la alfalfa es una de las forrajeras que se utiliza regularmente en los sistemas ganaderos siendo una especie leguminosa adaptada a condiciones de suelo profundo y de alta fertilidad. De acuerdo a la descripción que realiza el doctor Ovalle, “en la zona mediterránea de Chile la mayoría de los sistemas agrícolas de secano presentan suelos altamente degradados debido a la erosión, al agotamiento de la fertilidad del suelo y al bajo nivel de infiltración de agua y, consecuentemente se obtiene una baja productividad y sustentabilidad de los sistemas ganaderos”. Por lo tanto, asegura el especialista, “la introducción de una variedad de alfalfa para el secano se convertiría en una excelente estrategia para aumentar la productividad de las praderas y de la ganadería en esta importante zona agroecológica de Chile”.

Siguiendo con los estudios anteriores que ha realizado el doctor Ovalle en la zona del secano mediterráneo, “el crecimiento de las praderas durante el otoño e invierno es muy baja y su producción fuertemente concentrada en primavera, cuando las temperaturas son moderadas y el agua en el suelo está disponible”. De aquí, afirma, “nuestro optimismo de poder demostrar en este estudio que la curva de producción de pasto se puede extender por períodos de 30 a 40 días y a su vez mejorar las características físicas y químicas del suelo como asimismo la infiltración de agua y su uso eficiente”.

La presencia de ganado ovino y bovino en áreas geográficas donde la pluviometría es muy baja requiere de alimentación durante todo el año sobre todo en períodos largos de sequía. Por este motivo, enfatiza el experto, “esperamos generar un impacto importante en zonas como la provincia de Valparaíso y otras donde la pluviometría anual oscila entre 400 y 500 mm anuales”.

Internación de Nuevo Material Genético

En el marco de este proyecto se evaluará material genético con tolerancia a sequía proveniente de la Universidad de Adelaida (Australia), centro con vasta experiencia en la producción de este tipo de material. “Estamos hablando de variedades de alfalfas capaces de subsistir cuatro a cinco meses de sequía de verano”, asegura Ovalle.

El proyecto está conformado por una red de ensayos con parcelas demostrativas. Se seleccionaron cuatro sitios experimentales entre las regiones VI y VIII, para contar con sitios de siembra en zonas con 400, 650 y 1000 mm de precipitación al año y así poder conocer con certeza el comportamiento de esta variedad de alfalfa en cada una de las condiciones agroecológicas chilenas.

En cuanto a los beneficios que otorga esta forrajera, desde el punto de vista agronómico se puede mencionar que es considerada un excelente alimento de consumo ganadero por su alto contenido proteico y su capacidad de fijar nitrógeno.

La alfalfa posee un profundo sistema radicular que puede alcanzar hasta 5 m de longitud, una raíz pivotante principal muy desarrollada y muchas raíces secundarias, por lo cual resiste bastante bien la sequía al tener estas raíces con un gran campo de acción.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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