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Promueven Cría de Bovinos de Raza Senehol en Panamá

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La raza «Senehol», surge del cruzamiento de las razas Senepol (adaptada a climas calidos) y la Holstein (gran productora de volumen de leche en climas templados.

Panamá aspira a ser autosuficiente en la producción de leche. Desde 2007, el Centro de Investigación de Genética y Reproducción Animal Asistida (CIGRAA) de la Universidad Tecnológica Oteima, en la provincia de Chiriquí, inició la fertilización in vitro de embriones bovinos lecheros tolerantes al clima caliente.

Los bovinos son de la raza Senehol, la cual surge del cruce genético entre las razas Senepol, que por su pelaje corto es resistente al calor, y la Holstein, que tiene altos rendimientos de leche, pero solo cuando se pastea en climas altos o fríos.

LA ESTRATEGIA

La investigación sobre la reproducción de la raza Senehol tuvo una inversión general de 200 mil dólares en la que participaron la Universidad Tecnológica Oteima, Fertica, Ganadera Batipa y la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Senacyt). Esta última entidad aportó cerca de 57 mil dólares para la extracción y fertilización de los embriones Senehol hembra.

Esta raza carece de cuernos, tiene un pelaje corto y de tono rojo, además es tolerante al clima cálido.

Nixia Gnaegi de Ríos, rectora de la Universidad Tecnológica Oteima, manifestó que los avances obtenidos hasta el momento nos permiten tener solo un buen embrión por año, pero con la sinergia de la empresa privada y el gobierno se podrá pasar a 50 embriones de alta genética al año.

Gnaegi de Ríos consideró que ‘después de tener una vaca receptora y un buen embrión sexado, se puede aumentar y transformar un hato ganadero en dos o tres años’.

EL PROCESO

Aunque aún desconocen los rendimientos en leche de los 40 especímenes Senehol hembras que tiene el CIGRAA, las vacas lecheras inician su producción a los dos años y medio, pero el hato del Centro apenas tiene un año de edad, puntualizó la empresaria.

El biólogo del CIGRAA, Paul Koiner, explicó que al igual que las mujeres, las vacas tienen muchos óvulos, pero de esos solo un mínimo porcentaje es óptimo para este proceso.

Transcurrido el periodo de prueba y la certificación de la Senehol, se iniciará la venta de estos embriones que tendrán precios muy competitivos si se comparan con los embriones importados, que en algunos casos superan los 300 dólares.

El primer paso es anestesiar la parte trasera del animal, que debe encontrarse en una chutra o corral especial que le impide el movimiento.

Con un ultrasonido se identifican los ovarios de la vaca, se le introduce una aguja al ovario para extraer los óvulos que caen en un tubo estéril que es llevado al laboratorio, indicó Koiner.

 

Fuente: La Estrella

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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