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Producir Electricidad del Estiércol de las Vacas es un Buen Negocio

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La granja lechera estadounidense Homestead Dairy ha creado un sistema que transforma el estiércol de las vacas y otros desechos en electricidad. Con este sistema se puede dar luz a 1.000 hogares.

Para muchos establecimientos ganaderos, el estiércol puede ser un problema. En la granja lechera estadounidense Homestead Dairy, sin embargo, huele como dinero: un sistema de recuperación de biogástransforma allí el estiércol de las vacas y otros desechos en electricidad.

Suficiente electricidad, de hecho, para dar luz a 1.000 hogares, un servicio por el que la compañía local paga generosamente. Pero ese es solo un beneficio adicional.

«Funciona económicamente pero una de las principales razones por las que lo hicimos fue para intentar ayudar a controlar el olor, por los vecinos», indicó Floyd Houin, cuya familia es dueña de esta granja en Plymouth, Indiana (centro) desde 1945.

«La tierra es importante para nosotros también porque cultivamos para alimentar a las vacas. Por eso queremos hacer todo lo que podamos para cuidar la tierra y el agua. Bebemos la misma agua que todos los demás», explicó.

Los establecimientos ganaderos de Estados Unidos en general vierten sus desechos en lagunas abiertas y su hedor no los hace muy populares en la vecindad.

Estas lagunas también tienen un impacto ambiental significativo porque emiten metano y dióxido de carbono -que contribuyen al calentamiento global- y pueden contaminar las aguas subterráneas si sufren fugas o se desbordan durante las lluvias intensas.

Instalar un digestor anaeróbico -básicamente un cobertizo gigante que utiliza el calor para acelerar la descomposición- permite capturar tanto el olor como los gases de efecto invernadero.

La Agencia de Protección Ambiental (EPA, por su sigla en inglés) de Estados Unidos estima que más de tres millones de toneladas de gases de efecto invernadero fueron eliminadas el año pasado por Homestead y los otros 246 establecimientos ganaderos que han instalado sistemas de recuperación de biogás.

Eso equivale a sacar más de 630.000 automóviles de las calles.

Hay unos 8.000 establecimientos lecheros o de cría de cerdos en Estados Unidos lo suficientemente grandes como para que sea viable instalar un sistema de recuperación de biogás.

Beneficios para un Millón de Hogares

La EPA estima que podrían generar suficiente electricidad como para alimentar a más de un millón de hogares y reducir emisiones equivalentes a las de casi cuatro millones de automóviles.

La recuperación de biogás también está siendo utilizada para capturar metano de vertederos y plantas de tratamiento de aguas residuales, e incluso en fábricas de cerveza artesanal.

Según Allison Costa, de la unidad AgStar de la EPA, el gobierno «está comprometido» en realizar avances en este terreno y una extensión de este sistema «podría ayudar a lograr avances significativos en algunos de nuestros desafíos ambientales y energéticos».

El problema, explicó Costa, es que implica una enorme inversión y la mayoría de las compañías de servicios públicos de Estados Unidos no pagarán lo suficiente por la electricidad como para que el proyecto sea atractivo para quienes otorgan préstamos bancarios.

Gran Inversión

También requiere mucho mantenimiento, para el que muchos establecimientos no tienen personal. Pero cuando funciona, destacó Costa, realmente lo hace.

Ryan Rogers, de 31 años, ama a su digestor. «Tiene tantas (cosas) buenas», dice Rogers, casado con una integrante de la familia Homestead y que dedica unas cuatro horas por día al mantenimiento y administración del digestor.

Eso incluye controlar el olor de los 70.000 galones de estiércol y orina producidos cada día por las 3.400 vacas lecheras.

El digestor transforma además el estiércol en fertilizante, lo que implica un mayor rendimiento de las 4.500 acres de cultivos de maíz.

Una vez que se extrae el fertilizante, lo que queda es utilizado para crear suaves lechos para las vacas.

La familia logró un préstamo para cubrir parte del costo del digestor y el contacto con la compañía local de electricidad. Reciben además dinero extra -y combustible para los generadores- cobrándole menos que el vertedero local a restaurantes y plantas de procesamiento de alimentos por hacerse cargo de sus desechos.

«Es un terreno que crece en Estados Unidos», dijo a la AFP Mike Fenton de Michigan CAT, que vende los generadores Caterpillar que utiliza Homestead.

Aunque el costo inicial es grande -un sistema como el de Homestead cuesta unos 6 millones de dólares – Fenton asegura que es una buena inversión.

La mayoría de los establecimientos puede pagarlo y comenzar a obtener ganancias en tres a cinco años, aseguró.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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