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¿Porqué Tenemos Alergia a la Leche de Vaca y de Soya?

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14/Octubre/2013 Científicos del CSIC y la Universidad de Córdoba desarrollan una estrategia para obtener de forma natural leche rica en omega-3. © JOAN COSTA/CSIC

El tratamiento más efectivo de la alergia a leche de vaca es la eliminación estricta de estas proteínas de la dieta, lo que constituye un desafío si se trata de lactantes y niños de menos de 2 años. Por desgracia, un porcentaje alto de esos pacientes también vuelve a desarrollar los mismos síntomas clínicos cuando se expone a su sustituto más económico, la leche de soja. ¿Cuál puede ser la relación entre ambas?

Ahora, un equipo de científicos de La Plata (Argentina) dio el primer paso para explicar este fenómeno y además abrir caminos para su resolución. La alergia alimentaria es una respuesta inmune exagerada a sustancias en principio inocuas. En el caso de alergia a leche de vaca, esta respuesta es desencadenada por la unión de ciertos anticuerpos (IgE) a las caseínas y otras proteínas lácteas.

“A pesar de que la soja tiene proteínas estructuralmente muy diferentes [a las caseínas], nosotros realizamos experimentos que nos permitieron identificar que contiene una, llamada P28, que también es reconocida por los anticuerpos de pacientes que no toleran la leche de vaca y genera una reacción alérgica”, explicó a la Agencia CyTA-Leloir una de las directoras del proyecto, la doctora Silvana Petruccelli, investigadora del Centro de Investigación y Desarrollo en Criotecnología de Alimentos (CIDCA), que depende del CONICET y de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP).

Tal como se describe en la revista “Journal of Agricultural and Food Chemistry”, el grupo de Petruccelli clonó varias de las proteínas del poroto de soja que son consideradas alérgenos, y logró identificar las zonas reconocidas por estos anticuerpos. En forma simultánea, el laboratorio del doctor Guillermo Docena, del Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP) del CONICET y de la UNLP, desarrolló un modelo en ratones de alergia a leche de vaca.

“Expusimos a los ratones alérgicos a la leche a las diferentes variantes de esas proteínas de la soja y evaluamos la respuesta inmune humoral y celular y la aparición de síntomas clínicos. Y comprobamos que la proteína P28 es capaz de desencadenar una reacción de hipersensibilidad”, destacó Petruccelli, para quien existen otras cuatro proteínas de la soja que también pueden producir una “reactividad cruzada”.

La investigadora platense subrayó que “pese a que aún no es posible extrapolar los resultados del laboratorio a humanos, se abren caminos de estudio para saber qué es lo que ocurre en los pacientes”. El hallazgo también podría favorecer el diseño de vacunas que corrijan esta respuesta inmune exagerada.

El trabajo formó parte de la tesis doctoral de Ángela María Candreva y también colaboraron las doctoras Paola Smaldini y Renata Curciarello, todas del CONICET y de la UNLP.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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