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Paraguay Duplicó Exportación de Carne Vacuna en Cuatro Años

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El volumen de exportación de carne vacuna paraguaya se duplicó en los últimos cuatro años, de acuerdo a las estadísticas del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA). Este año el total de embarques será de 400.000 toneladas, más del doble de lo que se exportaba en el 2011, año en el que el total comercializado fue de 197.000 toneladas (peso carcasa).

De acuerdo al reporte de la institución estadounidense, Paraguay logró un sorprendente crecimiento de 103% en los últimos cuatro años en el comercio de carne vacuna. En este periodo de tiempo, Paraguay pasó de ser noveno exportador mundial de la proteína roja a ser sexto mayor proveedor global del producto.

Los principales exportadores mundiales este año serán: India con 2 millones de toneladas; Australia con 1,8 millones de toneladas; Brasil 1,6 millones de toneladas; Estados Unidos 1 millón de toneladas; Nueva Zelanda 590 mil toneladas, y Paraguay 400 mil toneladas.

LA PROYECCIÓN

Paraguay busca en el 2018 cumplir el desafío de ser el quinto mayor exportador mundial de carne bovina que, de acuerdo a las capacidades de Paraguay, es el máximo lugar a que puede aspirar. Según el viceministro de Ganadería, el Dr. Marcos Medina, para ese año el Paraguay debe tener un volumen exportable de unas 600.000 toneladas (peso carcasa) de la proteína vacuna, nivel de oferta que le catapultará a ser quinto mayor exportador mundial y superar a Nueva Zelanda.

Para el 2018, Paraguay debe tener un hato ganadero de 18,2 millones de cabezas y un volumen de producción de 830.000 toneladas de carne bovina, según el informe del Viceministerio de Ganadería.

INVERSIONES

El gran flujo de inversiones de capital nacional y extranjero posibilitaron el gran crecimiento de la actividad ganadera en el Paraguay. Entre los países referentes en el mercado internacional de la carne bovina, Paraguay es el más competitivo por tener el menor costo de producción, según el Dr. Marcos Medina.

En Paraguay cuesta US$ 0,9 producir en kilogramo (peso vivo) de carne; mientras que en la Unión Europea cuesta US$ 2,5; Estados Unidos US$ 1,9; Australia US$ 1,8; Argentina 1,6; Uruguay US$ 1,4; y Brasil US$ 1,3 aproximadamente.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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