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Nueva Zelandia y Canadá: Dos Modelos Lecheros Diferentes y Viables

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Tras las disertaciones de John Luxton, presidente de Dairy New Zealand, y del canadiense Ron Versteeg, vicepresidente de Canadian Dairy Farmers, acontecidas en el marco del Congreso Internacional de Productores de Leche, que en su etapa Santa Fe, se desarrolló en Sunchales; quedó muy en claro que se trata de dos países que tienen modelos productivos y comerciales de leche cruda bien diferentes, pero sustentables y armados atendiendo a las condiciones agroecológicas y de mercado de cada nación. En la foto: Oscar Poi de Meprolsafe, entrega un reconocimiento a John Luxton de Nueva Zelandia.

En el evento organizado por las cámaras de productores lecheros de Córdoba, Santa Fe, La Pampa y Santiago del Estero se fueron conociendo diversas realidades lecheras. En el caso de Nueva Zelandia, el sector lácteo es una de las naves insignia de ese país en el mercado mundial, y posee un fortísimo perfil exportador. Esto implica que a nivel de la producción todos los esfuerzos productivos se concentren en obtener la mayor cantidad posible de sólidos para producir leche en polvo y otros productos demandados por el mercado mundial.

La foto actual del país oceánico, marca que el crecimiento de la producción es formidable y ya supera los 16 mil millones de litros de leche anuales, y los productores neocelandeses están percibiendo alrededor de 48 centavos de dólar por litro, lo que implica que estén obteniendo ganancias extraordinarias.

“El precio a los productores es muy bueno desde hace un año, lo que significa que muchos tamberos han podido reducir sus hipotecas y mejorar su competitividad, y aún si los valores internacionales bajan por la crisis, el próximo año. Creo que vamos a seguir siendo capaces de generar un retorno razonable para la producción», dijo John Luxton, quien hasta hace unos años, fue ministro de Agricultura de Nueva Zelanda.

Esta plataforma sostenida por una producción a bajo costo, ha hecho que Fonterra, una megacooperativa láctea que maneja el 95% de la leche en Nueva Zelandia, exporte a 120 países, y que uno de cada cinco dólares que exporta Nueva Zelanda, proceda de la actividad láctea.

Totalmente distinto es el caso de Canadá que desde hace 40 años instauró, con la anuencia de productores y el Estado, un sistema cuotificado, que implica que se produce lo que demanda el mercado interno, alrededor de 8.000 millones de litros, y por esa leche se paga alrededor de 72 centavos de dólar por litro.

Al hacer una evaluación del sistema, el canadiense Ron Versteeg enfatizó que el esquema está funcionando bien, de manera sustentable, y que los productores capturan alrededor del 60% de la renta lechera. Añadió que los más de 12.000 productores existentes no están inhibidos de producir para exportar, pero puntualizó que “quien quiera hacerlo deberá tomar los valores que marca el mercado mundial”. Esto es casi imposible, ya que en buena parte del año hay nieve en las diferentes zonas productoras, lo que hace que el 75% de los tambos adopten el sistema de galpones con vacas inmovilizadas, denominado tie stall.

Luxton indicó que la perspectiva de precios al productor neocelandés, para el año venidero, está sujeta a la continuidad de la demanda creciente, al sostenimiento del cambio monetario, a las fluctuaciones del clima, del mercado y del tipo de cambio. “Por eso es difícil de hacer una predicción, sin embargo al ser tal la demanda de proteína, el futuro parece ser positivo para los lácteos».

Ambos disertantes dejaron sus impresiones en la Etapa Sunchales del Congreso Internacional de Productores de Leche (CIPLE). Ante la pregunta de un periodista respecto a una recomendación o sugerencia para los productores argentinos, Ron Versteeg dijo: “Es importante que se unan y tener una sola voz para hablar con el resto de la cadena, y el Estado”.

En la noche del miércoles, en el marco de una cena, la intendencia de Sunchales entregó un presente a los integrantes de la delegación extranjera, que son más de 25 en total. En la foto, Oscar Poi, de la Mesa de Productores de Leche de Santa Fe, entrega un reconocimiento a John Luxton de Nueva Zelandia.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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