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Hipomagnesemia Bovina: Consejos para Enfrentarla con Éxito

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Cómo afrontar una enfermedad generada por el déficit de magnesio y con un índice de mortandad del 5% en los bovinos, aquí especialistas argentinos comentan algunas estrategias para enfrentarla. 

Desde los años 60, cuando fue diagnosticada por primera vez en el sudeste bonaerense, la hipomagnesemia se mantiene como una grave preocupación de los productores ganaderos. Esta enfermedad, caracterizada por bajas concentraciones de magnesio (Mg) en la sangre de los bovinos, posee un índice de mortandad del 4 al 5% en los rodeos afectados.

Susana Cseh, especialista en sanidad animal del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria de Argentina (INTA Balcarce) –Buenos Aires– destacó que a la hora de prevenir, el primer paso es un correcto diagnóstico. “Cuando se sospecha de un cuadro de hipomagnesemia en un rodeo, se puede analizar el contenido de Mg en la sangre de algunos animales, la cual debe ser mayor de 1,8 mg/100 ml”.

De acuerdo con la investigadora, existen dos tipos de hipomagnesemia: “La primaria, cuando el contenido de Mg en el pasto es menor al 0,20% de materia seca –condición que no cubre los requisitos mínimos de ese mineral por parte del animal– y la secundaria, cuando el contenido de magnesio en el alimento es el adecuado, pero la presencia de elementos interferentes impiden su absorción y utilización”.

En esta línea, la técnica señaló que el potasio (K) es el interferente de mayor importancia. “Cuando su concentración en el pasto es mayor de 2,5% se considera que el forraje que consume el animal es de alto riesgo, pues le puede provocar tetania por hipomagnesemia”, indicó.

Esta deficiencia afecta principalmente a las hembras debido a que “están sujetas a mayores presiones de producción como la gestación y la lactación”, explicó Cseh quien además agregó que los animales con síntomas, caídos, muertos o recientemente suplementados con Mg no deben seleccionarse para estos análisis.

A la carta

Asimismo, la técnica afirmó que el Mg debe administrarse como suplemento, exclusivamente por vía oral y en los momentos de mayor requerimiento. De este modo, dijo, es posible prevenir la hipomagnesemia suministrando fardo o rollo espolvoreado con óxido de magnesio. “También se pueden dar sales en bateas, pero como el Mg es amargo, una buena estrategia es mezclar sus sales con maíz molido, afrechillo o emplear saborizantes”, recomendó Cseh.

En el caso en que los animales no acepten el suplemento salado, Cseh sugirió mezclar el Mg con melaza y puntualizó: “La prevención siempre deberá hacerse por vía oral, nunca empleando un producto inyectable para que el animal asimile rápidamente al mineral” y así detener un posible brote de la enfermedad. Si se lograra frenar, entonces será necesario “darlo por vía oral, una buena fuente de energía, sal e hidratación adecuada”.

Fuente: INTA

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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