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Nueva Zelanda Promueve su Cultura Agropecuaria

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Su gobierno incentiva a comprar vacas, para producir y crecer, Generar conciencia agropecuaria es uno de los grandes desafíos que tienen por delante los países cuyas economías se apoyan en el campo.

La presidenta de Federated Farmers Of New Zealand, Katie Milne, incluso premiada en 2015 por el Ministerio de la Mujer de su país como la productora lechera del año, fue una de los panelistas del Seminario de Innovación Social para la Conciencia Agropecuaria, organizado por el MGAP, que contó con varios expertos locales y del mundo.

Milne se reunión con la Asociación Rural del Uruguay, Federación Rural y Cooperativas Agrarias Federadas, fue recibida por las autoridades del Instituto Nacional de la Leche y mantuvo contacto con directivos de la Cooperativa Nacional de Productores de Leche (Conaprole), acompañada de la embajadora de Nueva Zelanda en Argentina, Raylene Liufalan, el cónsul honorario de Nueva Zelanda en Uruguay, Ricardo Shaw y el asesor político Alfonso torres.

Más allá del avance que tiene Nueva Zelanda, Katie Milne consideró que “es momento de dar más pasos” para lograr la meta de generar mayor conciencia agropecuaria y explicó que la mayor preocupación hoy para los sectores productivos es “el cuidado del medio ambiente y el bienestar animal”.

Muchas veces, hay gente que vive en la ciudad que nunca tuvo contacto con el campo. Milne contó que Dairy New Zealand impulsa un programa para mostrarle a las poblaciones urbanas cómo es la lechería neocelandesa. A su vez, Fonterra, la industria cooperativa láctea referente de Oceanía y principal exportadora de leche en polvo del mundo, “está empezando a abrir las porteras de los tambos para que la gente pueda ir a pasar un día al campo y para que pueda ver una sala de ordeñe y las vacas. Hay mucha gente en Nueva Zelanda que normalmente no tiene acceso al campo, esa gente precisa ir y verlo, para revertir esa desconexión entre poblaciones urbanas y rurales”.

De peón a gerente.

Hay acciones más de fondo. Financiado parcialmente por el gobierno, se lanzó “una especie de carrera, donde se le otorga a la gente de la ciudad que no tiene ninguna experiencia en la lechería, la posibilidad de generar una carrera dentro de un tambo”, destacó la visitante.

La mayor cantidad de inscriptos en ese programa son de Okland, la ciudad más grande que concentra casi el 40% de la población del país. “A gente que no tiene ninguna conexión con el campo se le están dando las herramientas para que empiecen desde abajo, se les enseña a trabajar y se les da un plan de carrera, para que puedan ver en la lechería un futuro para su vida”, destacó la presidenta de Federated Farmers.

Milne contó que hubo casos de trabajadores que llegaron a ser gerentes del tambo o desarrollaron su emprendimiento en campos que no son de su propiedad.

“Esa persona, muchas veces, se mete en un crédito en el banco, compra vacas, habla con el dueño del predio y comparten las ganancias. Lo que pasó mucho en Nueva Zelanda es que aunque no tiene ningún tipo de experiencia, esa persona puede terminar, no sólo trabajando en la lechería, sino siendo dueño del campo al comprárselo al productor que antes fue su socio”, agregó.

Los números del sector agropecuario son claros y están al alcance de todos. Igual que los irlandeses, se publica en páginas especiales en las redes sociales las estadísticas del sector agropecuario, para que todos entiendan el peso que tiene en la economía.

A su vez, a nivel escolar, Milne explicó que se incorporaron temas de agricultura que fueron removidos de la currícula de los niños en las escuelas. “Se están promoviendo herramientas para que los maestros puedan demostrar que el futuro existe si se hace una producción sustentable”, destacó.

Evaluando su encuentro con los gremialistas agropecuarios uruguayos, la visitante, aseguró que los dos países están sufriendo las mismas presiones. Son presiones medioambientales y tener un precio sostenible en el tiempo de la leche”.

Para Milne, el cambio climático y cómo mitigarlo, fue un tema recurrente. “La pregunta es: ¿cómo nos adaptamos como productores? ¿Cómo trabajamos para mitigar el metano que es el principal problema por las emisiones que vienen del campo?”, explicó. Por eso, dijo haber visto “una gran oportunidad” para compartir conocimientos, experiencias y llegar a una solución que sirva a todos”.

Lechería.

Finalmente, la visitante destacó que su país está comenzando a ver los dividendos de tener muchos Acuerdos de Libre Comercio, generándose un montón de oportunidades. “La industria lechera está pidiendo nuevos productos y se abrieron mercados interesantes, porque en muchos países se ve a los lácteos como productos de elite. En China hacen fila para probar algún producto elaborado con leche. Es increíble poder tener esa oportunidad”. Por eso dijo a modo de mensaje: “Es un momento increíble para la lechería y hay oportunidades para todos”

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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