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Neospora caninum: el Parásito Abortivo de los Establos

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Carlos Cruz Vázquez, profesor investigador del Instituto Tecnológico de El Llano —que pertenece al Tecnológico Nacional de México (Tecnm)—, ha estudiado por 15 años el protozoario Neospora caninum, causante de la neosporosis en el ganado bovino, una enfermedad que genera importantes pérdidas económicas para el sector ganadero en todo el mundo.

En colaboración con la investigadora Leticia Medina Esparza, ha documentado esta parasitosis —neosporosis— desde el punto de vista epidemiológico en el estado mexicano de Aguascalientes de la siguiente manera: «es una enfermedad con una alta prevalencia, los huéspedes definitivos de este protozoario son los perros y coyotes, siendo mayor en los primeros, quienes conviven con las vacas y se alimentan de sus placentas —que son ricas en el parásito—  y desarrollan así la parasitosis. Las heces fecales de los perros contienen las formas infectantes, que pueden llegar al ganado a través del agua, el alimento o transportadas por el viento».

“No afecta mucho la producción de leche, es marginal el efecto, pero el problema principal es que la vaca aborta, y esa vaca no va a entrar a la línea de producción, cuando así estaba planeado. Eventualmente, puede ser desechada y a veces de manera prematura, y todo esto tiene un impacto sobre la economía de la empresa ganadera”, detalló el miembro nivel II del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).

Caracterización Genética

Muchas vacas no abortan pero la Neospora caninum se transmite de la madre al hijo, de esta manera, la cría nace infectada y cuando llega a la edad adulta puede abortar o transmitírsela a su descendencia, de manera que esta enfermedad, ya instalada, es difícil de erradicar, pues no existe hasta la fecha ninguna vacuna o fármaco que ayude a prevenir los abortos, y las medidas de manejo reducen poco su impacto.

“Hemos hecho un estudio de caracterización genética y es un protozoario muy diverso genéticamente, podemos tener cepas diferentes dentro de un mismo establo, podemos tener dos que son Neospora caninum pero que tienen diferencias genéticas entre uno y otro, y eso puede indicar que hay diferencias en la patogenicidad de estos parásitos, entonces eso hace que el escenario sea más complicado”, indicó.

En los estudios realizados en el estado de Aguascalientes y la región de los Altos de Jalisco, la prevalencia de anticuerpos del parásito registrada en las reses fue de 59%, un porcentaje muy elevado, pues por cada 10 animales, seis han tenido la infección o la tienen activa, y esas vacas seropositivas tienen 2.5 veces más probabilidades de abortar. En los perros, la frecuencia de anticuerpos es de arriba de 40%, que también es muy alto.

Carlos Cruz Vázquez sostuvo que el cuerpo académico del Instituto Tecnológico de El Llano ha colaborado en la realización de otros estudios similares en los estados de Chiapas, Tamaulipas y Veracruz. Con base en los resultados obtenidos, han concluido que en las zonas donde el ganado se pastorea, la prevalencia se reduce a la mitad, en comparación con aquellas regiones donde las vacas se encuentran en establos, ello obedece a que la presencia de perros es más estrecha, así como al manejo del alimento.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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