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Modelos Silvopastoriles, Propuesta de Agroindustria para Mitigar el Cambio Climático

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El Ministerio de Agroindustria – Argentina, brindó un respaldo a la inclusión de modelos silvopastoriles, ya que los considera una herramienta fundamental para colaborar con el cambio climático, al disminuir la emisión de gases invernaderos.

Concretamente, el uso sustentable de los bosques nativos, la rotación de cultivos y la eficiente utilización de insumos agropecuarios son parte de las propuestas del Ministerio de Agroindustria para la adaptación y atenuación del cambio climático y que fueron presentadas por el coordinador de la Dirección Nacional de Gestión Medioambiental del Ministerio de Agroindustria, Nicólas Lucas.

Según consigna la Agencia Télam, Lucas participó de la jornada “Desafíos del Agro frente al Cambio Climático”, organizada por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y el Programa de Derecho del Cambio Climático de la Universidad de Buenos Aires (UBA), donde detalló las propuestas que el Gobierno nacional deberá presentar tras los acuerdos para la disminución de gases de invernadero alcanzados en Paris.

Impacto

El funcionario especificó que “cuando hablamos de medidas de adaptación y mitigación en cuanto al cambio climático estamos hablando del impacto económico y financiero que tiene esa problemática sobre el país”.

Luego recordó que la contribución en la emanación decarbono de Argentina es de 0,57 por ciento a nivel mundial y que de ese total, el 51 por ciento corresponde al sector agropecuario y forestas, siendo la ganadería el más contaminante.

Al abundar respecto del último aspecto, advirtió que “siendo la ganadería la que más aporta no vamos a hacer nada que signifique una disminución de emisiones absolutas. Vamos a seguir emitiendo esto y más, porque el rodeo argentino va a crecer”.

Cuatro medidas

En cuanto a las medidas propuesta para la mitigación de los gases de invernadero, Lucas indicó que el Ministerio se abocó a “las que tienen efectos benéficos desde el punto de vista productivo también. O sea, medidas que son ganar ganar. En ese plan hay cuatro medidas que tiene que ver con el uso sostenible de los bosques nativos, el desarrollo de planes silvopastoriles y de aprovechamiento forestal”.

“Otras medidas son la rotación de cultivos, la eficiencia de fertilizantes nitrogenados, el uso de fijadores biológicos de nitrógeno y reforzar los planes de forestación”, mientras que “existen otras que no están siendo evaluadas hoy, pero que están en la mesa para ser trabajadas en el futuro, como la recuperación de suelos degradados, lo cual es un serio problema para el país o el buen manejo en la caña de azúcar”, agregó.

Pérdidas

En lo que respecta a las medidas de adaptación, Lucas explicó que “por inundaciones, lluvias extremas y sequías entre el 2008 y 2015 la Argentina perdió 12.000 millones de dólares en maíz, trigo, soja y girasol y en esta última inundación en rindes de soja perdimos 2.200 millones de dólares en exportación. Por tal motivo nuestra medida de adaptación propuesta a Cancillería es la gestión integrada de riesgos agropecuarios, lo cual está en desarrollo y abarca riesgos sanitarios, de mercado, climáticos y precios”.

“Dentro de eso, nosotros creemos que la gestión de riesgo climático como una medida de adaptación es de beneficio específico para el país vía mejora de los servicios de información agroclimática, en la diseminación aún mayor de las buenas practicas agropecuarias, desde la buena utilización de los suelos hasta las practicas agropecuarias en humedales”, destacó.

Lucas puntualizo que “también es importante la transferencia de riesgos agropecuarios al mercado porque Argentina tiene un mercado de seguros bastante pequeño y acotado. Por último, se debe hacer un sistema más eficiente de atención de emergencias”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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