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México y Estados Unidos luchan juntos contra la tuberculosis bovina

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Los ganaderos mexicanos comercializaron 901 mil 754 cabezas de ganado en pie a EU durante el ciclo de exportación 2022-2023, que representa un crecimiento del 10 por ciento con respecto al periodo anterior.

Con el objetivo de ratificar el estatus de baja prevalencia de tuberculosis bovina de las regiones ganaderas de México certificadas para exportar becerros y vaquillas en pie a Estados Unidos, durante 2023 las agencias sanitarias de ambos países realizaron visitas conjuntas a unidades de producción y puntos estratégicos de la cadena comercial, donde verificaron el trabajo zoosanitario de los productores pecuarios.

Los oficiales de los servicios Nacional de Sanidad, Inocuidad y Calidad Agroalimentaria (Senasica) y el de Inspección Sanitaria de Plantas y Animales del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (APHIS-USDA) acudieron a zonas ganaderas de ocho entidades del país con el propósito de valorar los avances para el control y erradicación de la enfermedad para con ello mantener y mejorar, en el corto y mediano plazos, el estatus zoosanitario.

Para verificar el cumplimiento de las regulaciones, durante el primer semestre del año personal de Campañas Zoosanitarias de la Dirección General de Salud Animal del Senasica realizaron visitas de revisión a unidades de producción de San Luis Potosí y Coahuila y a hatos libres certificados de Puebla e Hidalgo.

Es de destacar que las visitas preparatorias que lleva a cabo el organismo de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, previo a las de certificación del APHIS-USDA, tienen como propósito detectar oportunidades de mejora, que coadyuven a optimizar los procesos sanitarios.

Durante el resto del año, el personal mexicano y estadounidense visitó regiones ganaderas de Tamaulipas, Chihuahua y Sonora, para realizar labores de seguimiento y de precertificación.

Entre noviembre y diciembre, los técnicos de ambos países visitaron la región Golfo-Huasteca de Veracruz y la zona norte de Hidalgo y Puebla para concretar las labores de certificación.

Estas zonas actualmente ostentan el estatus de Nivel III (Acreditado Modificado), por lo que pueden exportar sólo con la prueba de tuberculina del lote de bovinos que se van a comercializar.

Durante las revisiones participan, además del personal de las agencias sanitarias, representantes de los gobiernos estatales, de los comités de Fomento y Protección Pecuaria, de organizaciones ganaderas y del Sistema Nacional de Identificación Individual de Ganado (SINIIGA).

A fin de verificar el cumplimiento de los protocolos en cada punto de la cadena de carne de bovino, la comitiva visita corrales de engorda aprobados (CEA), corrales de acopio para exportación (CAE), rastros municipales, establecimientos de sacrificio Tipo Inspección Federal (TIF), ventanillas del Registro Electrónico de Movilización (Reemo), ventanillas locales y espacios de atención SINIIGA, así como puntos de verificación e inspección de la movilización de ganado (PVI).

Además, revisan expedientes de exportación de ganado en pie a EU, de seguimiento epidemiológico y de Hatos Libres Certificados.

Las revisiones para la certificación de las regiones ganaderas del país para la exportación de ganado por parte de APHIS-USDA son de gran importancia sanitaria y comercial, ya que contribuyen al avance en la erradicación de la tuberculosis bovina en el territorio nacional, y representan incentivos para los productores para comercializar su ganado en un mercado altamente competitivo como es el estadounidense.

Previo a la certificación, el Senasica, a través de la Campaña Nacional contra la Tuberculosis Bovina, da seguimiento puntual a las acciones de control y erradicación de la enfermedad, como el barrido sanitario integral y el registro de movilización.

Producto de este acompañamiento, los ganaderos mexicanos vendieron 901 mil 754 cabezas de ganado en pie a Estados Unidos durante el ciclo de exportación 2022-2023, lo que representa un crecimiento del 10 por ciento con respecto al periodo anterior.

Más datos:

  • Pertenecer a regiones con baja prevalencia de la enfermedad representa para los productores estímulos para su producción, ya que los becerros y reses incrementan su valor y pueden colocarse en más y mejores mercados.
  • Durante 2023 las agencias sanitarias de México y Estados Unidos realizaron visitas conjuntas a unidades de producción y puntos estratégicos de la cadena comercial, a fin de verificar el trabajo zoosanitario que realizan los productores pecuarios.
  • Lo anterior, con el objetivo de que los ganaderos mexicanos estén certificados para exportar animales a territorio estadounidense, mercado que anualmente recibe a más de 900 mil animales de origen mexicano.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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