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Manejo y Cuidado de Terneros Neonatos

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Recomendaciones de manejo y atención para aumentar la producción en rodeos de carne. Las estrategias de manejo buscan reducir las complicaciones que pongan en riesgo la salud animal: trabajar sobre los inconvenientes que impidan la buena oxigenación y evitar la hipotermia. 

“Es fundamental dedicar especial atención a todo lo que nos permita reducir los riesgos de pérdida de terneros recién nacidos para aumentar la producción de los rodeos de cría. Si a esto, le sumamos los potenciales usos del suelo y las nuevas tecnologías, podríamos aumentar la rentabilidad de la actividad en lo que significaría un avance muy importante en materia de producción”, expresó Martín Correa Luna, especialista del INTA Venado Tuerto.

Según investigaciones del INTA, en la provincia de Santa Fe, los niveles de destete –cantidad de terneros nacidos sobre el total de vientres en existencia– representan alrededor de un 50 por ciento. En el norte santafesino, donde la productividad de rodeos de cría es menor, esa variable alcanza entre el 30 y 40 por ciento y aumenta hacia el sur en un 70 por ciento, con la posibilidad de ascender a un 90 por ciento en el caso de manejos intensificados de los terneros.

Cuidados Intensivos para Ganaderías de Carne

Guillermo Berra, especialista del Instituto de Patobiología del INTA Castelar –Buenos Aires– y responsable del manejo neonatológico de terneros clonados para el proyecto Tambo Farmacológico del laboratorio Biosiuds, indicó que “al momento del parto el feto atraviesa importantes cambios fisiológicos que pueden derivar en complicaciones como la asfixia neonatal” y explicó que se trata de una consecuencia del intercambio inadecuado de gases entre la circulación materna y fetal durante el parto, ocasionado por la compresión del cordón umbilical en su paso por la pelvis de la vaca.

Subrayó que “es necesario que en los partos distócicos el personal esté capacitado y entrenado para realizar correctamente las maniobras de extracción del ternero”. Por esta razón, el especialista enfatizó que “el personal de campo debe recibir del profesional veterinario los conceptos básicos para manejar la hipoxia y la hipotermia del ternero”, debido a que son las principales causas que conducen a la muerte del ternero en el período inmediato al parto.

En este sentido, afirmó que lo primero que se debe hacer es extraer los fluidos fetales depositados en la nariz y en la boca mediante una presión externa ejercida con pulgares a lo largo del puente nasal.

También agregó que “se puede utilizar un resucitador para mejorar la ventilación pulmonar sobre aquellos terneros que tuvieron partos trabajosos y estuvieran deprimidos”.

“A veces es necesario estimular una respiración artificial. Para eso, se debe mantener abierta la boca del animal y extender su lengua para permitir que el aire fluya libremente”, dijo Berra y precisó que al mismo tiempo “se debe sentar al ternero con sus patas extendidas para facilitar la expansión del tórax con una ventilación bilateral de ambos pulmones”.

Según el especialista, aquellos terneros que, luego de sufrir un parto trabajoso, presenten dificultades para respirar y su temperatura rectal esté por debajo de los 36 °C tienen reducidas posibilidades de sobrevivir.

Por esta razón, destacó la importancia de que los asistentes del parto actúen en función de equilibrar la temperatura del neonato a 38,5 °C y propuso el empleo de un limpiavidrios de auto para secar rápidamente al ternero, extraer el líquido amniótico y evitar la pérdida de calor corporal.

Finalmente y una vez controlada la respiración, el técnico del INTA agregó que “es de suma importancia que el ternero reciba dos litros de calostro de su madre inmediatamente después de su nacimiento, ya que esa leche aporta las inmunoglobulinas que le dan mayor protección al recién nacido”.

“Una vaca de cría tiene como objetivo producir terneros. Si el animal llega bien al momento del parto pero se muere por faltas en la atención del ternero, es una pérdida económica muy grande para el productor”, explicó Berra. En ese sentido, se refirió al trabajo del INTA como una actividad “muy importante porque transfiere esa información para que el sector productivo pueda ponerla en práctica”.

Fuente: Agencias

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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