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La Super Raza Cárnica: la Azul Belga

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Son manipuladas genéticamente para que les crezcan anormalmente sus músculos y tener mayor cantidad de carne. La población de esta especie crece alrededor del mundo.

Ha pasado más de una década desde que los seres humanos han roto su propio código genético, pero todavía tenemos que despertar a un mundo de formas de vida artificiales como lo afirman muchos genetistas. Mientras esperamos que la ciencia genética madure tal vez deberíamos echar un buen vistazo a las vacas. Específicamente, a la Azul Belga. Este saco de musculo es un monumento al poder genético de la cría selectiva. Un solo defecto genético, un gen de la miostatina defectuoso, es responsable de su enorme masa, y ese defecto fue cuidadosamente pasado a través de la raza desde hace más de un siglo antes de que fuera conocido lo que estaba causando su impresionante «doble musculatura».

¿Sabías que algunas variedades de carne de vacuno en el mercado hoy en día provienen de ganado que ha sido modificado deliberadamente para que les crezcan anormalmente grandes músculos para la producción de carne?

Un segmento emitido por el canal National Geographic ofrece una visión de la misteriosa producción de las llamadas «Super Vacas», que llevan intencionadamente un gen defectuoso que les permite crecer anormalmente grande, con una «doble músculatura».

«La cría selectiva … es utilizada por los agricultores para mejorar las características deseables en los animales», explica el National Geographic Channel sobre el proceso. «Es todo sobre la gestión del sexo. Para crear estos Azules Belgas por más de 100 años, los agricultores sólo han permitido que las vacas y los toros con la mayor masa muscular se apareen. Y el resultado es un toro que pesa más de una tonelada.»

El gen de la miostatina es responsable de decirle al cuerpo cuándo dejar de producir músculo, y en las Azules Belgas, su fracaso permite un crecimiento excepcional, más allá de la norma.

«No hay un gen que regula el crecimiento de los músculos en el ganado», añade el canal de National Geographic sobre el proceso. «Estas vacas han sido criados selectivamente a partir de animales que contienen una copia de este gen que no funciona. Como resultado, sus músculos crecen mucho más grande de lo normal. Para asegurar que el gen defectuoso se transmita, el sexo en los Azules Belga ha sido sustituida por la tecnología en la forma de la inseminación artificial «.

¿Cuál es el propósito de todo esto?

Simple, crear más carne, por supuesto, que a su vez genera más beneficios para la industria de la carne de fábrica. Y  por ello las Azules Belgas son cada vez más populares en varias partes del mundo.

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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