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La Raza Ovina 4M se Posiciona en Ecuador: ¿La Conoces?

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A casi cuatro mil metros de altura está ubicada la comunidad Pancún Ichubamba, de la parroquia Cebadas, provincia de Chimborazo en Ecuador. Allí se está implementado un núcleo genético asociativo de ovinos de la raza chilena 4M (Marín Magellan Meat Merino), que fue entregado por el Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca de Ecuador (MAGAP).

El objetivo del núcleo genético asociativo, entregado el pasado 27 de enero, es manejar la raza pura de ovinos 4M, para producir pies de cría dentro de un proceso controlado por técnicos del MAGAP.

El Plan de Repoblamiento y Mejoramiento Genético Ovino se desarrolla en las provincias de Cotopaxi y Chimborazo. En la provincia de Chimborazo, a través de los técnicos pecuarios de la Estrategia Hombro a Hombro, se brinda un apoyo constante a la comunidad, para controlar la mejora genética, los empadres y la evaluación de crías.

El núcleo genético beneficia a 45 familias de la comunidad, quienes reciben asistencia técnica permanente para mejorar el manejo, la nutrición y sanidad de los ovinos.

Precisamente para este año se prevé tener crías, ya que actualmente se cuenta con algunas hembras preñadas y la gestación dura cinco meses.

Julio Quishpe, representante de la comunidad, afirmó estar contento con el apoyo brindado por el MAGAP,  ya que desde hace más de 18 años no tenían ovinos en la comunidad, y era un sueño que querían revivir.

Dijo que con este proyecto ven la oportunidad de mejorar las condiciones socioeconómicas de las familias que pertenecen a la comunidad. “Esto va ayudar para el futuro de nuestros hijos”, manifestó Quishpe.

Los ovinos de la raza 4M son animales idóneos para las condiciones de la serranía; tiene las características genéticas que el productor necesita: un animal productor de excelente calidad de carne y lana.

En la producción de lana, los ovinos 4M permiten tener dos esquilas al año, con una producción anual de 14 kilos de lana por animal, datos nacionales de la experiencia del proyecto en Cotopaxi.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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