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La Primera Pezonera Antibacteriana para Vacas del Mundo

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Una aleación de caucho con cobre es la clave de Pezanbac, la primera pezonera antibacteriana para vacas, elaborada por un equipo de cinco jóvenes profesionales entre los que se incluye Andrés Vargas Fernández, veterinario y magíster en Ciencias Animales y Veterinarias de la Universidad de Chile. Esta nueva tecnología promete mitigar la mastitis bovina, enfermedad que genera nefastas consecuencias para los productores de leche alrededor del mundo.

En mayo de 2014, en el marco del Primer Congreso de Innovación Agropecuaria organizado por VETNOVO, el veterinario Andrés Vargas conoció a los ingenieros industriales Nicolás Morelli y Juan Ignacio Ojeda, quienes trabajaban en la idea de una pezonera antibacteriana para vacas con el fin de hacer frente a los elevados costos que tiene la mastitis bovina para la producción lechera: compra de antibióticos, honorarios veterinarios, eliminación de leche en mal estado y vacas alejadas del sistema de producción por largos períodos, siendo la responsable de alrededor de 30 mil millones de dólares en pérdidas anuales para la industria láctea mundial.

En ese primer encuentro con los ingenieros “di una idea de lo que tenían que hacer en algunas cosas relacionadas con el diseño y conocimiento de los biomateriales, y ellos al par de meses, lograron fabricar el primer prototipo, producto mínimo viable. Entonces, me llamaron a participar como el encargado de investigación”, cuenta Andrés Vargas, hoy estudiante del Doctorado en Ciencias Agropecuarias de nuestra Casa de Estudios y parte del equipo de la empresa VACuCh.

El desafío de la naciente empresa consistió en utilizar las propiedades antibacterianas del cobre de manera eficiente en la disminución de los microorganismos que producen la mastitis, enfermedad inflamatoria de la glándula mamaria. Así, y con apoyo de expertos en microbiología y química, llegaron a la creación de un caucho antibacteriano apto para la elaboración de pezoneras de ordeña.

En estos últimos cuatro años VACuCh logró reunir los recursos para sacar adelante el proyecto a punta de la adjudicación de más de diez competencias y fondos de innovación tanto dentro como fuera de Chile, entre las que se incluyen Aplica tu idea (2014), BrainChile (2015), Subsidio Semilla de Asignación Flexible para el Apoyo de Emprendimientos de Desarrollo de CORFO (2015), Future Agro Challenge (2016) y el Premio Nacional de Innovación Industrial (2016).

“Es un trabajo bien colaborativo en el que cada uno cumple su labor”, explica el veterinario sobre esta nueva tecnología, que detalla “es una pezonera que está hecha con aleación caucho cobre lo que le permite en su superficie, donde toma contacto con la ubre, ser antibacteriana, por lo tanto mitiga la mastitis, que es la enfermedad que ocurre en la ubre de las vacas por el uso de las ordeñadoras automáticas, que son solo de caucho”.

Hoy la Pezanbac está a la venta en Chile y Argentina, y los resultados han sido exitosos. En nuestro país están fabricando las matrices para su lanzamiento oficial, aunque ya entró comercialmente hace un par de meses, y como cuenta Vargas, “se está haciendo el contacto lechería por lechería y ya se han vendido varias unidades”. A estas primeras experiencias en el mercado, se suman un piloto que está funcionando en Uruguay, un contrato para comercializar en Nueva Zelanda, y un puñado de países interesados en ser filiales de VACuCh, entre ellos Colombia y Paraguay.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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