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La presencia de dos casos de Vaca Loca en Brasil Afectaría el Comercio Mundial de Carne al ser el Primer País Exportador del Alimento

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El Ministerio de Agricultura brasileño señaló que los dos casos fueron confirmados en frigoríficos en Belo Horizonte (Minas Gerais, sureste), y en Nova Canaa do Norte (Mato Grosso, centro-oeste) y eran de vacas de descarte que presentaban edad avanzada.

La razón por la que el mercado mundial se resintió es que en 14 de los últimos 20 años, Brasil fue el principal exportador mundial de carne vacuna. En 1980 tenía una participación del 4 % y el año pasado del 24 % en el mercado exportador, significando que envió casi 1 de cada 4 kilos de carne bovina que se comercializó internacionalmente.

En parte ello obedece a que China es el principal mercado ya que el año pasado Brasil exportó hacia dicho país 870.000 toneladas de carne bovina lo que representó más de 4.000 millones de dólares. Cabe recordar que ante los focos que se detectaron se cerraron las exportaciones brasileras al país asiático.

Además, China proyecta comprar en el presente año unas 3 millones de toneladas de carne bovina, ubicándose una vez más en el principal importador mundial y en el mayor comprador de carne brasileña.

De hecho, a julio, Brasil envió más de 500.000 toneladas de carne vacuna a China o el 38 % de las importaciones totales de ese país, según datos de aduanas chinas, lo que lo sitúa muy por delante del proveedor número dos que es Argentina, que suministró poco menos de 300.000 toneladas.

Así es la enfermedad

La enfermedad «clásica» de las vacas locas, o Encefalopatía Espongiforme Bovina (EEB), se transmite a través de alimentos contaminados y se ha relacionado con una variante de la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob en las personas.

Es una enfermedad neurológica, degenerativa, progresiva, transmisible y mortal del ganado bovino adulto, que tiene un largo periodo de incubación (estimado entre 4 a 6 años), según el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA).

La EEB, por su condición de transmisibilidad y las alteraciones microscópicas ha sido incluida en el grupo de enfermedades denominadas Encefalopatías Espongiformes Transmisibles (EETs), enfermedades que afectan tanto a los animales como al hombre, que causan degeneración del sistema nervioso central (SNC), produciendo cambios espongiformes en estos tejidos. (Lea: Recuerde la gravedad de la enfermedad de la vaca loca)

Los signos clínicos de la EEB se manifiestan en los animales adultos, la propagación y la transmisión de esta enfermedad indican que se debe a un agente transmisible poco común que se ha denominado de momento prión, para expresar que se trata de una proteína infecciosa. El agente causante es similar al que provoca el prurigo lumbar en el ganado ovino y caprino.

La EEB, se diagnosticó por primera vez en Inglaterra, en 1986 y desde entonces se han registrado más de 190.229 casos en el mundo, de los cuales 184.508 se han presentado en el Reino Unido y 5.721en casi toda Europa, Japón, Israel y Norteamérica, incluyendo los doce casos de Canadá y los tres de Estados Unidos.

Dicha enfermedad es causada por una partícula proteica infecciosa, carente de ácido nucleído llamada Prion (PrP). La proteína celular o sea propia de las células normales es una glicoproteína de las membranas plasmáticas y existe en la mayoría de las células, aunque predominantemente en las células del SNC.

Este agente se caracteriza por ser resistente a tratamientos físicos y químicos, permanecer estable en un amplio rango de variaciones de pH y no verse afectado por las altercaciones postmortem. Es preservado por la refrigeración y congelación y es resistente a la ionización y radiación ultravioleta y a todos los métodos convencionales de esterilización.

El método más efectivo para su inactivación, es la incineración a temperaturas superiores a 700°C; también lo inactiva el hipoclorito de sodio por una hora, el hidróxido de sodio al 2N por una hora y el autoclave sobre los 134°C.

Aunque no existe predilección por raza o sexo, por condiciones de manejo, la EEB se presenta principalmente en vacas lecheras entre los 4 a 6 años de edad.

La EEB se manifiesta en bovinos adultos de ambos sexos, sin distinción de razas o cruzamientos; la mayoría de casos registrados se refieren a ganado lechero, debido al manejo zootécnico y al periodo de vida productiva más prolongada.

El curso clínico es variable, puede extenderse varios días o presentarse varias semanas en forma progresiva y fatal. En términos generales los principales signos neurológicos son los siguientes:

Cambios en el comportamiento: Agresividad, rechinamiento de dientes, nerviosismo o dificultad para pasar puertas, posición anormal de las orejas, cambio temperamental, recelo.

Sensibilidad: Ceguera, presión de la cabeza contra objetos, lamido excesivo, coceos en el aire, hiperestesia.

Postura y movimientos: desplazamientos en círculos o torneo, paresia, golpeo de miembros, decúbito prolongados, caídas, postura anormal de la cabeza, temblores y ataxia.

Hasta la fecha no existe ninguna prueba para detectar la enfermedad en los animales vivos; por lo tanto, solo puede diagnosticarse mediante el examen histopatológico del tallo encefálico (Obex) y por la detección de la forma anormal del prión por pruebas bioquímicas postmortem.

El Instituto Colombiano Agropecuario ICA, tiene como misión trabajar por la sanidad agropecuaria y la inocuidad en la producción primaria; en este contexto, desde el año 2.001, Colombia cuenta con un programa de Vigilancia Epidemiológica de la Encefalopatía Espongiforme Bovina, que ha venido evolucionando acorde con las normas, directrices o criterios establecidos por la Organización Mundial de Sanidad Animal, OIE.

El programa de prevención de la EEB, es de carácter nacional y está soportado por un techo normativo que permite armonizar todas las medidas y estrategias recomendadas por la OIE, en el Código Sanitario de los Animales Terrestres, en procura de obtener el reconocimiento de país con riesgo insignificante o el equivalente de país libre de EEB, de acuerdo con el arreglo a la edición vigente del Código Sanitario de los Animales Terrestre, en el año 2009.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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