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La Organización Mundial de Sanidad Animal le Sigue Preocupando la Fiebre Aftosa

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Durante la 86ª Sesión General de la Organización Mundial de Sanidad Animal, sus países miembros presentaron la situación actual en dicha materia, además analizaron las tendencias en la evolución de las enfermedades prioritarias de los animales terrestres y acuáticos.

Una de las principales misiones de la OIE es garantizar la transparencia de la situación zoosanitaria en el mundo, incluyendo las zoonosis. Esta situación fue presentada a la Asamblea a partir de los informes transmitidos por los Países Miembros de la OIE, así como por países no miembros, entre el 1 de enero de 2017 y el 6 de mayo de 2018.

La Sesión General que se celebró en días pasados, también constituyó la oportunidad para que los países miembros discutieran sus preocupaciones nacionales en esta área, así como los desarrollos actuales en la centralización de la información zoosanitaria.

Se prestó una atención particular a las enfermedades específicas objeto de esfuerzos mundiales de control o erradicación, o a enfermedades de interés mayor, entre ellas: la epizootia mundial de influenza aviar de alta patogenicidad (IAAP) en aves de corral, la peste de pequeños rumiantes (PPR), la fiebre aftosa, la tuberculosis bovina, la dermatosis nodular contagiosa, la peste porcina africana, una enfermedad emergente causada por el virus de la tilapia del lago.

Para la OIE, la peste de pequeños rumiantes (PPR) es una de las enfermedades prioritarias del GF-TADs (Programa Global para el Control Progresivo de las Enfermedades Transfronterizas de los Animales de la FAO y la OIE). En el 2015, se adoptó una estrategia mundial para su control y erradicación para el año 2030. Desde entonces, nuevos países han declarado brotes de la enfermedad, lo que demuestra la urgencia de mejorar las medidas de prevención y control, como lo define la estrategia mundial.

Además de la  Receptor de reconocimiento de patrones (PRR) , a la Organización Mundial de Sanidad Animal le preocupa el tema de la Fiebre Aftosa. Según la entidad, esta es una de las 3 enfermedades más frecuentemente notificada durante 2017 y principios de 2018. La presencia de esta enfermedad fue declarada, bajo la forma de cinco serotipos distintos, en el 34 % de los 184 países y territorios que realizan la notificación de enfermedades.

Vale la pena recordar que Colombia le notificó a la OIE, las pruebas practicadas a 15 bovinos que dieron positivo a fiebre aftosa, que ingresaron al país en forma ilegal durante el mes de abril. De acuerdo con las declaraciones del ministro Zuluaga, “la incautación de los animales fue realizada en un puesto de control atendido por el ejército, la Polfa y el ICA, cuando los bovinos eran transportados en un camión entre Fortul y Tame. Los 15 animales fueron aislados y posteriormente se procedió con su sacrificio e incineración, como está establecido en los protocolos sanitarios para animales de contrabando, con lo cual no hay virus de la enfermedad circulando”.

Sin embargo, el haber notificado a tiempo la situación evitó que la entidad mundial suspendiera el estatus de país libre de fiebre aftosa con vacunación.

Otra enfermedad que sigue generando preocupación es la rabia, pues continúa amenazando la salud del hombre y la sanidad de los animales. En particular, la rabia transmitida al hombre por los perros cuesta la vida de miles de personas, principalmente en África y Asia, incluso cuando la enfermedad es completamente evitable.

Una estrategia mundial para la erradicación de la rabia transmitida al hombre por los perros fue lanzada en 2017, bajo la iniciativa “Unidos contra la rabia”. Se trata de una colaboración entre cuatro organizaciones: la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Alianza Mundial para el Control de la Rabia (GARC). Entre 2017 y principios de mayo de 2018, se notificó la presencia de la enfermedad en el 57 % de los 183 países y territorios que transmitieron información a la OIE.

Finalmente, la tuberculosis bovina, zoonosis causada por Mycobacterium bovis, ha sido tradicionalmente reconocida como un problema de salud pública causante de daños económicos para los propietarios del ganado. Se ha controlado o erradicado con éxito en los animales domésticos en varios países. Sin embargo, la enfermedad sigue siendo prevalente en los animales domésticos o silvestres en ciertas partes de África, y de Asia y el Pacífico, al igual que en algunas regiones de las Américas y Europa.

En 2017 y principios de 2018, se notificó la presencia de la enfermedad en el 43 % de los países y territorios que notifican, encontrándose distribuida en todas las regiones del mundo. La OIE y sus socios lanzaron una hoja de ruta contra la tuberculosis zoonótica en 2017, con el fin de respaldar el esfuerzo mundial que se realiza para la erradicación de la epidemia de tuberculosis bovina en el mundo.

 

pi

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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