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La lucha centroamericana contra la amenaza del gusano barrenador del ganado

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Como parte de los esfuerzos para evitar la propagación del Gusano Barrenador del Ganado (GBG), una amenaza sanitaria actual en América Central y México, el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) de Panamá, el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) y la Comisión Panamá–Estados Unidos para la Erradicación y Prevención del Gusano Barrenador del Ganado (COPEG) organizaron en la ciudad de Santa Fé de Darién un encuentro con ganaderos de la zona para reforzar la vigilancia sanitaria y la protección de la producción pecuaria local.

La amenaza por la presencia el Gusano Barrenador del Ganado (GBG), Cochliomyia hominivorax, resurgió en el 2023 tras más de 20 años de haber sido erradicada. Esta enfermedad parasitaria transfronteriza representa un riesgo significativo para la salud de los animales, personas y los ecosistemas, con repercusiones directas sobre la seguridad alimentaria, la economía rural y el bienestar de las comunidades.

Ante este escenario, las autoridades sanitarias panameñas, con el apoyo del Gobierno de los Estados Unidos a través del Servicio de Inspección de Sanidad Animal y Vegetal del Departamento de Agricultura (APHIS/USDA) y en estrecha colaboración con organismos internacionales especializados como el IICA, han puesto en marcha medidas para evitar la propagación de la enfermedad. El éxito de estas acciones depende en gran medida de la participación informada y activa de los productores pecuarios.

Durante la jornada en Santa Fé de Darién se entregaron kits de control sanitario y toma de muestras financiados por el IICA, fortaleciendo la capacidad local de detección temprana y control de la plaga. Asimismo, se realizaron presentaciones técnicas y demostraciones prácticas sobre tratamientos, métodos de prevención y control del GBG, incluyendo medidas para evitar la mordedura de murciélagos, así como prácticas veterinarias de descorne en terneros y curación de ombligos.

El evento contó con la presencia de autoridades nacionales y regionales, entre ellas el Ministro de Desarrollo Agropecuario, Roberto Linares; el gobernador de la provincia de Darién, Arnulfo Díaz De León; el Representante del IICA en Panamá, Miguel Ángel Arvelo; los directores generales de COPEG, Christina Lohs (EE. UU.) y Carlos Moreno (Panamá); la alcaldesa de Santa Fé de Darién, Yamileth Cruz; y la presidenta de la Asociación Nacional de Ganaderos (ANAGAN) Capítulo de Darién, Olga Frías.

El ministro Roberto Linares destacó que la sanidad animal es un pilar fundamental para la competitividad y sostenibilidad del sector agropecuario nacional.

Durante la jornada en Santa Fé de Darién se distribuyeron kits para el monitoreo sanitario y la recolección de muestras, con el respaldo financiero del IICA, fortaleciendo las capacidades locales para la identificación temprana y el manejo de la plaga.

“La lucha contra el Gusano Barrenador del Ganado es un compromiso que asumimos de manera conjunta con los productores, porque está en juego no solo la salud de nuestros animales, sino la seguridad alimentaria y el futuro de nuestras comunidades rurales. El MIDA seguirá acompañando al productor darienita con asistencia técnica, recursos y programas que fortalezcan sus capacidades de prevención y respuesta”, subrayó.

El titular del MIDA también reafirmó que Panamá, por su ubicación estratégica en el continente, juega un rol clave en la contención regional de la enfermedad, y que el trabajo articulado entre gobierno, organismos internacionales y asociaciones de productores es la única vía para evitar que la plaga avance hacia otras regiones.

Miguel Ángel Arvelo reafirmó el compromiso del IICA en este esfuerzo regional: “El Instituto mantiene su voluntad firme de trabajar de la mano con el MIDA, el COPEG y los productores ganaderos para enfrentar esta amenaza sanitaria. La cooperación técnica, el intercambio de conocimientos y el fortalecimiento de capacidades locales son ejes centrales, porque sabemos que solo con un esfuerzo conjunto podremos contener y erradicar nuevamente al Gusano Barrenador”, señaló.

Con este esfuerzo, MIDA, IICA y COPEG subrayan la importancia de la colaboración activa entre instituciones y productores como pieza clave para garantizar la sanidad animal, proteger los ecosistemas y asegurar el sustento de las familias ganaderas frente a esta amenaza sanitaria transfronteriza.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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