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La Garrapata Genera Pérdidas por 180 Millones de Dólares a la Ganadería Argentina

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Además de la fuga de peso corporal, hay que sumar las pérdidas económicas adicionales como la mayor susceptibilidad de los animales parasitados, la menor fertilidad observada en rodeos parasitados y, finalmente, el mayor tiempo que se necesita para la “terminación de un animal para faena».

En Argentina, se estima que el 20% del ganado es afectado por la garrapata y según los especialistas se pierden entre 40 y 50kg por animal. En el Nor Oeste Argentino (NOA), Nor Este Argentino (NEA) y el Litoral argentino, llegan a generarse pérdidas de hasta u$s 180 millones sobre el potencial productivo de las regiones.

Además de la fuga de peso corporal, hay que sumar las pérdidas económicas adicionales como la mayor susceptibilidad de los animales parasitados, la menor fertilidad observada en rodeos parasitados y, finalmente, el mayor tiempo que se necesita para la “terminación de un animal para faena».

En otros países el problema también está dimensionado. Por ejemplo en los Estados Unidos se estima que el ahorro anual como consecuencia de la erradicación de la garrapata es de 1000 millones de dólares/año.

Sobre la Garrapata 

Una hembra de garrapata pone hasta 3.000 huevos, una larva puede sobrevivir hasta 7 meses en invierno y 2 en verano, un bovino puede estar infectado por varias decenas de garrapatas. Cada garrapata extrae 3 cm3 de sangre por día, provocando una disminución del peso corporal de 0.3 a 1 gramo. En nuestro país, el impacto económico (sumando prevención mas tratamiento y pérdidas), es de 180 millones de dólares/año, el costo del ítem sanidad del rodeo no supera el 10% como porcentaje del costo directo total de un proceso de invernada.

Los síntomas que pueden detectarse y que deben ser un alerta para los productores son, además de la visualización de las garrapatas (agente causal o etiológico) sobre el animal hospedador: disminución en la producción de carne o leche, deterioro de pieles, debilitamiento de los animales, muertes por enfermedades.

En las zonas tropicales, con lluvias regulares, alta humedad y clima cálido, se dan las condiciones óptimas para el desarrollo de varias generaciones de garrapatas por año, de modo que la plaga se hace sentir constantemente.

En regiones subtropicales, caracterizadas por temporadas de lluvias y sequías, la intensidad de la plaga es fluctuante. Un auge de infestaciones se presenta cada vez que, después de un período de condiciones climáticas adversas, sobreviene una temporada calurosa y húmeda. Es en ese momento que se produce una explosión con invasión masiva de larvas y ninfas de garrapatas.

Para el Dr. Mario Muñoz Cobeña, médico veterinario del Laboratorio Agropharma, actualmente no es posible erradicarla. Para lograr combatir este parásito se recomienda la realización de los tratamientos en los periodos más críticos de la enfermedad, es decir, entre los meses de septiembre y abril de cada año.

Muñoz Cobeñas sostuvo que “los tratamientos deben ser siempre preventivos y su periodicidad está relacionada con la acción farmacológica referida a su efecto residual dependiendo del comportamiento de cada formulado establecido en ensayos Oficiales a través del SENASA”.

Según el especialista de Agropharma, “cuando hablamos con los productores que nos consultan, solemos hacer hincapié en los errores más comunes cometidos durante los tratamientos. Es por ello que recomendamos no hacer éstos en forma parcial, no dar dosis por debajo de lo indicado en el producto que se emplea (subdosificación), utilizar la vía de aplicación correcta (subcutánea, intramuscular, etc), no aplicar varios productos simultáneamente y usar todo el instrumental (jeringas, agujas) adecuado. Los ahorros económicos generados en la mala administración de los tratamientos, terminan ocasionando pérdidas mayores”.

Para el tratamiento contra las garrapatas del bovino se aplican drogas cuyo espectro abarca a otros parásitos externos. Lo más común es el uso de productos químicos, aunque su utilización se ha encontrado con grandes desventajas como la aparición de poblaciones de garrapatas resistentes, así como los efectos perjudiciales para los animales (serios problemas de contaminación de la leche y de la carne), los seres humanos y el medio ambiente. Además de estos medicamentos que son ya ampliamente conocidos por la gente de campo, existen las vacunas recombinantes contra garrapata que están ganando cada vez más terreno en el mundo.

De hecho, el SENASA acaba de aprobar la comercialización de una nueva fórmula a base de ivermectinas para el primer garrapaticida inyectable con efecto residual absoluto de 38 días para el control de este parásito.

Actualmente las ivermectinas son las protagonistas en muchos países del mercado de ectoparasiticidas (endectocidas), aunque debemos tener en cuenta que todavía se siguen usando los baños de inmersión, de aspersión y las fumigaciones.

En la Argentina existen delimitadas 3 zonas de acuerdo con la presencia de garrapata en los rodeos bovinos. 

Zona indemne: es donde se haya ejecutado y comprobado la erradicación del Boophilus Microplus en todos los establecimientos y/o exista un porcentaje menor al 1% de campos interdictados, en proceso de limpieza fiscalizados. Superficie: 29.140.200 hectáreas. Población bovina: 12.000.000 cabezas (97.000 establecimientos).

Zona de erradicación: Los establecimientos se encuentran bajo cuarentena local y zonal en proceso de limpieza obligatoria, auditados por el Estado. Superficie: 4.358.359 hectáreas. Población bovina: 2.108.030 cabezas (8.915 establecimientos).

Zona de control: No es obligatoria la erradicación. Se adoptan medidas sanitarias tendientes a garantizar un nivel mínimo de saneamientos. Superficie: 74.196.800 hectáreas. Población bovina: 9.500.000 cabezas. Dispersión geográfica del Boophilus microplus en Argentina: 1.082.329 Km2.

Fuente: Agencias

 

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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