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La «Ganadería Climáticamente Inteligente» se consolida en Ecuador

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Con el trabajo en territorio y coordinación interinstitucional se busca generar políticas de cambio climático, agricultura y ganadería climáticamente inteligente y de lucha contra la degradación y desertificación de los suelos.

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en conjunto con el financiamiento del Fondo para el Medio Ambiente Mundial impulsaron desde agosto de 2016 mediante el MAE y el MAG el enfoque de “Ganadería Climáticamente Inteligente» para mejorar las prácticas pecuarias y reducir su impacto con el ambiente.

Este proyecto pionero a nivel nacional y regional, se está ejecutando en las provincias de Guayas, Manabí, Santa Elena, Imbabura, Loja, Napo y Morona Santiago, el cual durante el periodo 2016 – 2020, implementará prácticas para: incrementar la productividad, reducir la vulnerabilidad y reducir las emisiones de GEI (gases de efecto invernadero) en el país.

John Preissing, representante de la FAO en Ecuador, mencionó que la tecnología y la innovación es clave para una gestión más responsable y sostenible de los recursos, mejorando la provisión alimentaria sin que el territorio se resienta de forma irreversible

En Ecuador la ganadería supone un 1,5% del Producto Interior Bruto (PIB). Sin embargo, su condición de fuente de gases de efecto invernadero (GEI), su aplicación extensiva y su actual baja productividad suponen un coste medioambiental incremental y ese fue el punto de partida del proyecto que se ha consolidado llegando a más 1000 productores a nivel nacional.

«La FAO ha firmado un compromiso con el país que se llama Marco de Programación, donde respondemos demandas y miramos de qué manera podemos contribuir. Existen tres grandes líneas: La primera tiene que ver con Seguridad Alimentaria Nutricional, Sistemas Alimenticios Sostenibles y Saludables; la segunda línea tiene que ver Desarrollo Agrícola y Desarrollo Rural y la tercera con la Gestión de Recursos Naturales y Resonancia frente al cambio climático».

En Ecuador, la ganadería se caracteriza por ser extensiva con una baja productividad (por ejemplo: el promedio nacional de producción de leche es de 5.38 litros/vaca; y, la carga animal promedio es de 0.71 UBA/ha); se ocupan grandes extensiones de terreno; los pastos están mal aprovechados; y las emisiones de toneladas de CO2 equivalente por unidad de leche o carne son indirectamente proporcional al nivel de productividad.

Por lo tanto Preissing añadió que el Proyecto Ganadería Climáticamente Inteligente (GCI) busca reducir la degradación de la tierra e incrementar la capacidad de adaptación al cambio climático y de reducción de emisiones de GEI, a través de la implementación de políticas intersectoriales y técnicas de ganadería sostenible basados en seis pilares:

  • Escuelas de Campo con Agricultores (ECA), con capacitaciones 100 % prácticas en escenarios locales y técnicas andragógicas
  • Cofinanciamiento para la implementación de buenas prácticas ganaderas
  • Acompañamiento Técnico a cargo del equipo del Proyecto y las instituciones socias
  • Gestión Local
  • Articulación Institucional para lograr el empoderamiento del enfoque
  • Monitoreo y Evaluación donde sobresalen las herramientas de monitoreo de riesgo climático y emisiones de GEI a nivel de finca.

Bajo este contexto, la FAO ha trabajado en el desarrollo, implementación y adaptación de herramientas que permitan hacer frente de manera efectiva a la problemática ganadera en Ecuador. Así, por ejemplo, FAO desarrolló la herramienta de acceso público GLEAM-i, que sirve para estimar las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) y evaluar medidas de mitigación frente al cambio climático.

Desde su puesta en marcha, en agosto del 2016, el proyecto de Ganadería Climáticamente Inteligente ha logrado muchos avances. Hasta el 2019 han llegado a 1.008 productores/as por medio de 35 Escuelas de Campo, han alcanzado el 61.25% de ejecución técnica. y 29.000 hectáreas a nivel nacional que es una intervención piloto pero se plantea llegar a los 3.8 millones de hectáreas para conseguir el enfoque GCI y prácticas de producción sostenible.

El Proyecto busca beneficiar a 1000 productores/as y se espera que su labor se extienda hasta marzo de 2020 para que a largo plazo se pueda tener un sistema productivo agropecuario sostenible utilizando de mejor forma los recursos y sobre todo cuidando el medio ambiente.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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