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INTA desarrolla vacuna contra la Escheriachia coli en bovinos

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En el portal del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina se explica que resultados preliminares de ensayos experimentales, realizados en terneros, demostraron que la formulación dio resultados positivos para la disminución del patógeno responsable del Síndrome Urémico Hemolítico en niños. 

Un equipo de investigadores de los Institutos de Patobiología y de Biotecnología del INTA desarrolló una vacuna recombinante capaz de reducir la colonización de Escheriachia coli enterohemorrágica (EHEC) en bovinos, principal reservorio de la bacteria.

Daniel Vilte, especialista del Instituto de Patobiología del INTA, indica que “EHEC es una bacteria intestinal que se elimina por materia fecal y, si bien está presente en otros animales, el portador principal es el bovino”.

La enfermedad se trasmite a los humanos a través de los alimentos, el agua, y de persona a persona por medio de las manos, también por el contacto directo con los animales que poseen la bacteria y su materia fecal, así como por medio de aguas recreacionales.

Vilte dice que la vacunación del ganado bovino reduciría la excreción bacteriana disminuyendo así la contaminación de la carne bovina y otro tipo de alimentos.

El producto que se desarrolló es una vacuna constituida por proteínas recombinantes que reduce la carga bacterial en los vacunados con una muy buena reacción inmune.

De acuerdo a lo expresado por Vilte,”buscamos utilizar estas proteínas para generar una respuesta inmune de anticuerpos que pueda bloquear la unión del patógeno al tracto gastrointestinal y, de este modo, inhibir o disminuir la colonización”.

La vacunación se ensayó de modo experimental en terneros en un box de bioseguridad. Se inoculó la vacuna, se midió la respuesta inmune generada y finalmente se realizó un desafío con una cantidad conocida del patógeno vía oral para medir cómo variaba la colonización entre los animales vacunados y los no vacunados.

“De este modo, pudimos observar diferencias significativas, tanto en el nivel de excreción del patógeno, como de la duración de la misma entre grupos vacunados y control, siendo menor en los animales vacunados”, detalla Vilte.

Además, el investigador agrega que la vacuna es un producto sumamente importante porque es un desarrollo que favorece la exportación de carne, pues en algunos mercados, detectan la presencia de serotipos portadores de toxinas Shiga para el ingreso de la mercancía.

En la actualidad, el equipo de investigación está realizando una formulación nueva, a partir del uso de otras plataformas, con el objetivo de lograr una vacuna tan potente como el prototipo y con un costo económico menor.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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