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Girasoles para Potenciar el Silo de Maíz y Elevar la Producción Lechera

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El girasol aporta al silo de maíz, más proteínas y grasa para elevar la producción lechera del hato. Lea esta interesante experiencia en España.

Reducir los costos de producción de leche en una explotación de 190 cabezas, 90 de ellas en ordeño, y aprovechar terrenos secos en el monte en los que antes había pinos, son los objetivos que se ha marcado la ganadería Bella S.C, de Zaíde, en Guntín (en la región de Galicia, España) al plantar seis hectáreas de girasol. La producción, más de medio millón de plantas en plena floración y que ofrecen un paisaje espectacular, la recogerán a principios del mes de octubre cuando pierda la hoja. La mezclará con la de las 24 hectáreas en las que crece el maíz.

Las vacas en producción aprecian el silo de maíz y girasol, que forman parte de la ración diaria que reciben y que les aportar más proteína y grasa que si solamente llevara maíz. José Rodríguez López, el titular de la explotación, en la que también trabajan su esposa, sus dos hijos y su madre, dice que los animales comen mejor la mezcla con el girasol, que aporta un textura aceitosa. Está satisfecho con el rendimiento en la producción láctea de este tipo de alimentación. La granja de Guntín produce cada dos días entre 5.000 y 6.000 litros de leche.

Esta es la tercera cosecha de girasoles en la ganadería que regenta Rodríguez López, que el pasado año recogió 30.000 kilos por hectárea sembrada. La de este año, a juzgar por el tamaño de la cabezas de los girasoles será inferior, por la climatología. Según el ganadero, a la producción de girasoles no le sentaron bien la noches frías de agosto y generaron menos pipas que el año anterior.

Los costes de producción del girasol, según el ganadero, son prácticamente los mismos que los del maíz. Su gran ventaja es que se dan en terrenos en los que no podrían sembrar las mazorcas porque son muy secos. De hecho, una de las laderas de los montes que rodean Zaíde está prácticamente cubierta de girasoles, que recogerán a principios del mes próximo, con la misma maquinaria que utilizan para recolectar y ensilar el maíz.

Los girasoles ocupan otras fincas más próximas al núcleo habitado, que en primavera dieron ya dos cortas de hierba para ensilar, que la máquina mezcla con el silo procedente del girasol y del maíz forrajero. «Tenemos que sacar el máximo rendimiento a la tierra y aprovechar todos los recursos -asegura José Rodríguez- porque el precio que pagan por la leche no permite usar mucho concentrado».

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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