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Estudios del ADN del Estomago de la Vaca Podría Ayudar a la Producción de Leche y Carne

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La producción de carne y leche del ganado podría un día aumentar, gracias al análisis de microbios en el estómago de las vacas instigación realizada en la Universidad de Edimburgo (Escocia, Reino Unido). 

El estudio allana el camino para que la investigación comprenda qué tipos de microbios, como las bacterias, son los mejores para ayudar al ganado a extraer energía de sus alimentos, dicen los expertos.

También identifica enzimas que están especializadas en la descomposición del material vegetal, lo que podría ayudar en la búsqueda de nuevos biocombustibles.

Los investigadores dirigidos por el Instituto Roslin de la Universidad de Edimburgo y el Colegio Rural de Escocia (SRUC) se centraron en los microbios que se encuentran en el rumen de una vaca, el primero de sus cuatro estómagos.

El rumen alberga diversas cepas de microorganismos, como bacterias, arqueas y hongos, que ayudan al animal a extraer energía y nutrientes de sus alimentos.

El equipo utilizó una técnica avanzada llamada metagenómica, que implica analizar la composición genética de todos los microbios que existen dentro de un organismo, en este caso una vaca.

Estudiaron muestras de contenido de intestino del rumen de 43 vacas e identificaron 913 diversas cepas de microbios que viven en el rumen.

La mayoría de los microbios descubiertos nunca se han visto antes y pueden tener usos potenciales en los biocombustibles y las industrias biotecnológicas.

Al analizar su información genética, el equipo identificó enzimas previamente desconocidas que pueden extraer energía y nutrición del material vegetal .

La carne de vaca, el ganado lechero y otros rumiantes productores de leche proporcionan alimentos y nutrición a miles de millones de personas en todo el mundo.

Entender cómo estos animales convierten las dietas basadas en plantas en energía será vital para asegurar el futuro de los suministros de alimentos del mundo, dicen los expertos.

La investigación, publicada en la revista Nature Communications , se llevó a cabo en colaboración con expertos del Instituto Rowett de la Universidad de Aberdeen.

El Instituto Roslin recibe fondos estratégicos del Consejo de Investigación de Biotecnología y Ciencias Biológicas.

El profesor Mick Watson, del Instituto Roslin de la Universidad de Edimburgo, dijo: “Este ha sido un estudio realmente fascinante, y realmente solo estamos empezando a comprender lo que hacen estos microbios. El hecho de que la mayoría de ellos eran muy diferentes a los microbios que ya han sido descubrió que nos sorprendió, por lo que no podemos esperar para estudiarlos más. Si podemos mejorar la eficiencia de la digestión en las vacas y otros rumiantes, podemos producir más alimentos para las personas mientras usamos menos recursos. Este es un objetivo clave de mejorar la seguridad alimentaria mundial “.

El profesor Rainer Roehe de SRUC dijo: “Las especies microbianas recientemente identificadas en el rumen del ganado de carne mejorarán en gran medida nuestra comprensión de cómo funciona el ecosistema microbiano del rumen. Mediante la cría y las intervenciones nutricionales, podremos utilizar esta información para ayudar a mejorar el ganado salud y rendimiento en todo el mundo»

 

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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