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En México la Producción de Carne Bovina Alcanzó en 2020 un Máximo Histórico al Superar las dos Millones de Toneladas

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Según datos estadísticos reportados por el Consejo Mexicano de la Carne (Comecarne), el año pasado se produjeron 2.079.000 toneladas de carne de res, de las cuales 1.946.000 toneladas fueron destinadas para el consumo interno y 133 mil toneladas para la exportación, lo que equivale al 6.4 % del total producido.

De acuerdo con información de la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural, en 2019 se produjeron 2.027.109 toneladas, mientras que en 2018 fueron 1.980.205 toneladas, lo que muestra que se mantiene una tendencia al alza.

“Se espera que la producción de carne bovina en el país continúe incrementándose durante el presente año para hacer frente a una mayor demanda del producto a nivel nacional, asociada a una recuperación paulatina en el poder adquisitivo en los hogares mexicanos”, expresó el funcionario.

Añadió que “se estima también un incremento en las exportaciones, conforme se relajen las medidas restrictivas a la movilidad entre los países compradores como resultado de los avances en las medidas implementadas para el control de la pandemia sanitaria”,

El funcionario resaltó los avances en la producción y en la calidad de la carne bovina producida en el país, a través de la identificación y selección de animales con una calidad genética superior, así como con características físicas y productivas sobresalientes; “labor que se realiza desde hace varios años en la UANL (Universidad Autónoma de Nuevo León)”.

Durante su intervención, Villalobos Arámbula destacó el reconocimiento internacional otorgado a la Universidad y el programa de mejoramiento del ganado que desarrolla el área de investigación de la casa de estudios, en sus instalaciones de Linares.

“Felicito a la Universidad Autónoma de Nuevo León por el reconocimiento que recibe por parte de Simbrah Breeder, ya que en el año 2020 el ejemplar Srita. UANL D051 fue galardonada como «Simbrah – Miss World 2020”, indicó.

Se trata, dijo, de un reconocimiento muy merecido, producto del programa de mejoramiento genético de ganado bovino que desde hace años la universidad atinadamente conduce.

El coordinador general de Ganadería, Arturo Macosay Córdova, manifestó que el territorio nacional cuenta con una ganadería sobresaliente, donde la genética mantiene un papel sustancial y que posibilita que en la actividad pecuaria actualmente se tengan grandes exponentes.

El presidente de la Confederación Nacional de Organizaciones Ganaderas (CNOG), Oswaldo Cházaro Montalvo, señaló que para la organización que encabeza es motivo de orgullo que en cada una de las familias que se dedican a la ganadería hay años de tradición, esfuerzo, compromiso y espíritu de superación.

Expresó que los productores pecuarios están convencidos que al aprovechar las características y estatus de cada raza se podrán implementar proyectos con mejor impacto en la ganadería.

Resaltó a la UANL y a sus investigadores, a través de su rector Rogelio Garza Rivera, por el reconocimiento recibido y por el trabajo realizado en materia de vinculación, transferencia de tecnología y de educación que han posibilitado la formación de generaciones de profesionistas, al servicio del sector agropecuario del país- y por hacer de la ganadería una actividad de alta calidad.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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