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En Brasil Implementan la Siembra de Eucalipto en fincas para reducir Emisiones del Ganado

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Brasil, el mayor exportador mundial de carne, ha estado buscando una forma de contrarrestar las emisiones que produce el mayor inventario de ganado del país, por lo cual Embrapa lanzó en 2020 una marca certificada de carne de res neutra en carbono.

En lugar de pagar compensaciones, la entidad se ha puesto como objetivo hacer que el proceso de cría de ganado sea neutral en carbono dentro de la finca, en un enfoque que pueda hacer que el carbono del industria intensiva de carne de vacuno más sostenible.

De acuerdo con un reporte de BBC, el incentivo de Brasil para limpiar su industria cárnica no se trata solo de las emisiones de carbono, sino también para combatir la deforestación tropical.

La Carne Carbono Neutral de Embrapa consiste en plantar árboles de eucalipto en la misma área donde pasta el ganado. Se cree que entre 250-350 árboles por hectárea es el número óptimo para mantener la viabilidad financiera de las fincas brasileñas.

Además de que estos cultivos podrían secuestrra hasta cinco toneladas de carbono al año, el equivalente a las emisiones de aproximadamente 12 bovinos adultos, los investigadores indicaron que se obtienen hasta 25 metros cúbicos de madera por hectárea al año.

Los profesionales de Empraba plantaron los árboles cada 2 m en hileras entre 14 y 22 m de distancia, ocupando alrededor del 10 % al 15 % del área.

Roberto Giolo de Almeida, líder del equipo, aseguró que esto puede hacer que una finca sea más productiva, pues normalmente hay un animal ocupando por hectárea de tierra. Cuando la tierra está plantada con árboles, la calidad de los pastos realmente mejora.

Su equipo descubrió que los potreros con árboles pueden albergar hasta el doble de ganado debido a los pastos mejorados, en tanto que las vacas también engordan más rápido, no solo por la mejor nutrición sino por el beneficio adicional de estar bajo la sombra.

Por lo general, una res alcanzará 250 kg de carne en dos años, cerca de 30 % más de productividad de lo esperado en los sistemas tradicionales. Esto significa que los animales pasan menos tiempo en el pasto antes del sacrificio, lo que les da menos tiempo para emitir metano.

Cuando los árboles están maduros, se cortan para venderlos y se los retoños los reemplazan. Richard Eckard, profesor de agricultura sostenible en la Universidad de Melbourne, que conoce el proyecto, ve muchas ventajas en el uso de eucalipto, un árbol originario de Australia.

“Si cosecha esos árboles y los pone en madera de construcción, si construye casas o muebles, al menos dos tercios del carbono permanece fuera de la atmósfera indefinidamente o durante los próximos cientos de años”, afirmó.

Hasta el momento, Embrapa no ha realizado estudios sobre el uso de árboles nativos, aunque hay otros proyectos o experimentos en curso, como el que busca introducir Araucaria angustifolia (pino Brasil) en el sur del país, un símbolo nativo en peligro de extinción.

Claudete Reisdorfer Lang, agrónomo y profesor de la Universidad Federal de Paraná, quien lidera el experimento del pino Brasil, explicó que los sistemas para combinar ganadería y plantación de árboles no tienen una sola “receta”, sino que depende de los componentes.

Eckard indicó que combinar ganado y árboles puede no ser un enfoque que funcione en todas partes, pues cada área tiene su propio clima y suelo, y necesita su propia solución. Aun así, Giolo de Almeida afirmó que alrededor del 10 % de los potreros en Brasil ya tienen un grado de integración entre bosques, cultivos y ganado, aunque solo una pequeña fracción son casi neutros en carbono.

Sin embargo, hay barreras para la expansión de sistemas integrados de árboles y ganado como el de Embrapa, por la resistencia de los ganaderos que, como indicó Lang, “se especializaron en monocultivos, que son rentables a corto plazo, pero insostenibles a largo plazo”.

Si bien un mejor uso de la tierra deforestada podría ayudar a reducir las emisiones, el desafío que se avecina sobre la ganadería en Brasil es detener la deforestación en primer lugar, que requiere liderazgo y política de Gobierno, como dijo Eckard.

Y agregó sobre la importancia de la cría de ganado en numerosas partes del mundo, donde proporciona una nutrición esencial: “La ganadería es una parte integral de muchos países en desarrollo al permitirles tener seguridad alimentaria”.

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Con estrategias de mitigación, aumentan un 40 % la productividad ganadera, con estrategias de mitigación

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En el marco del proyecto internacional GANASUR, especialistas del INTA presentaron los resultados del estudio en la Cuenca del Salado, Buenos Aires. Con estrategias de mitigación en los establecimientos se evitó la emisión de 7.400 toneladas de CO₂ y aumentó la producción por vientre un 40 %. Mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, descarte de animales improductivos y manejo del pastoreo, entre las estrategias implementadas.

El proyecto GANASUR se desarrolla sobre la estructura cooperativa de PROCISUR, que reúne a los institutos nacionales de investigación agropecuaria de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay, junto con el IICA. La iniciativa busca identificar sistemas ganaderos representativos de cada país, evaluar opciones de mitigación y modelar los impactos productivos, económicos y ambientales asociados a su implementación.

En el caso de la Argentina, se seleccionó como caso de estudio un sistema de ciclo completo de la Pampa Deprimida. Según explicó Mauricio Álvarez, coordinador del Programa Nacional de Carnes y Fibras Animales del INTA, “se trata de una de las principales regiones ganaderas del país y porque la cría concentra una proporción muy importante de las emisiones del sistema”. Al mismo tiempo, sus brechas de eficiencia reproductiva y productiva ofrecen una oportunidad concreta para reducir emisiones sin disminuir la producción de carne.

En esta línea, puntualizó: “Para los países del CAS aumentar la productividad es una meta irrenunciable y los resultados demuestran que es posible producir más, mejorando la rentabilidad, de manera ambientalmente sostenible”.

En este sentido, subrayó: “Los resultados muestran que la mitigación puede integrarse a una estrategia de mejora productiva y económica: no se trata de producir menos, sino de producir más eficientemente, con una menor cantidad de emisiones por unidad de producto y una reducción simultánea de las emisiones absolutas”.

Las medidas de mitigación no se definieron como un paquete teórico, sino a partir de tecnologías probadas y compatibles con el funcionamiento de los establecimientos, detalló Álvarez, al tiempo que aclaró que “fueron validadas mediante consultas con productores y referentes sectoriales, que permitieron identificar aquellas que estarían dispuestos a adoptar”.

En esta línea, destacó que “uno de los principales aportes de GANASUR es haber integrado las dimensiones productiva, ambiental y económica. No alcanza con saber cuánto puede reducirse una emisión: también necesitamos conocer qué efecto tiene la tecnología sobre la productividad, cuánto cuesta implementarla y cuáles son las condiciones para que un productor decida adoptarla”.

Entre las estrategias que se aplicaron, se destacan las mejoras en la sanidad preventiva y reproductiva, el descarte de animales improductivos, el manejo del pastoreo, la recuperación de pasturas, la incorporación de leguminosas, la suplementación estratégica, la inseminación artificial a tiempo fijo y la selección genética.

“La implementación completa de esta trayectoria permitiría evitar unas 7.400 toneladas de CO₂ equivalente entre 2027 y 2040, lo que representa una reducción del 15 % de las emisiones acumuladas respecto del escenario de referencia”, confirmó el investigador. Para 2040, las emisiones anuales disminuirían hasta aproximadamente 2.645 toneladas de CO₂ equivalente y la huella de carbono por kilogramo producido se reduciría cerca de un 27 %.

“Los beneficios no serían solamente ambientales, sino también productivos”, sentenció Álvarez. Es que, según detalló, la producción por vientre aumentaría un 40 %, al pasar de 197 a 275 kg de peso vivo, mientras que el mayor volumen de carne generado y la mejora de la eficiencia permitirían alcanzar importantes beneficios económicos.

Según detalló el especialista del INTA, “la transición tecnológica se diseñó de manera gradual y acumulativa”. En una primera etapa se propuso ordenar el manejo del rodeo y mejorar su desempeño reproductivo; posteriormente, fortalecer la base forrajera y nutricional; y, finalmente, incorporar herramientas de mayor intensificación.

“Esta secuencia responde a una lógica concreta: comenzar por tecnologías de menor complejidad y avanzar hacia otras que requieren mayores capacidades e inversiones, evitando asumir que todas pueden adoptarse simultáneamente”, aclaró Álvarez.

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